Según fuentes de la organización defensora de los derechos humanos, existen en el mundo 300.000 niños empleados en misiones de combate. En el continente negro, Uganda constituye el paradigma de este fenómeno, pero también se han producido secuestros masivos en Sierra Leona, República del Congo, Burundi y Somalia. Participan como combatientes o abren camino en los campos minados, pero también acarrean equipamientos o son objeto de tráfico sexual.
Mercenarios
Los fracasos en las políticas de reinserción alimentan su paso a la delincuencia común y el mercenariado. También evidencian el abismo entre la letra de los protocolos aprobados por Naciones Unidas y ratificados por los gobiernos respectivos, y la escasa efectividad de las medidas, ya sea por falta de recursos o debido a la corrupción administrativa.
Esa diferencia entre teoría y práctica en lo que respecta a la protección de la infancia se ilustra con ejemplos recientes. A juicio de Stella Ayo, el caso del Arca de Zoé, una organización francesa que apeló al conflicto de Darfur para justificar sus acciones, pone de relieve las lagunas legislativas locales y la incapacidad del Estado chadiano para proteger a su población infantil. «Una situación como la que se ha planteado muestra una escasa regulación del régimen de partenariado y la falta de controles en el ámbito de la cooperación». Según la ONG Transparencia Internacional, el régimen de Yamena está considerado el más venal del mundo.







