
La primera parada del recorrido fue el Centro Tecnológico de La Fombera, obra de Alejandro Zaera, Farshid Moussavi, Jordi Pagés y Pablo Ros. Éste último comentó a los asistentes a estas Jornadas que la idea para construir esta fortaleza de la innovación es «que el edificio sea, por así decirlo, invisible, ya que así formará parte de este entorno, del vivero, del parque y del río». También destacó la importancia de haber conseguido «un espacio abierto a todo el mundo, una continuación del paseo, y con los puentes levadizos que hemos colocado, se puede mantener también cierta privacidad si es necesario».
«El cliente construye»
Para este arquitecto, otra de las claves es la actitud de quien encarga la obra, ya que «el cliente también construye». El resultado, un Centro Tecnológico que logra ocultarse entre la vegetación de La Fombera, que recurre a materiales tan naturales como la madera tropical, la corteza de árbol o las enredaderas, y un edificio que ha logrado «gustar al público de aquí, pero ser reconocido también a nivel nacional e internacional», explicó Ros con orgullo.
Tras la visita, los participantes en las Jornadas se desplazaron al Museo Würth de Agoncillo, de Enrique Henry, y a las Bodegas Darien, de Jesús Marino.





