«El Gobierno del PP no permitirá que nadie alimente enfrentamientos de ningún tipo entre los españoles», proclamó el candidato a La Moncloa. Lo dijo en contraposición con la actitud que, a su juicio, ha mantenido el Gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, que se ha dedicado a «sembrar cizaña» en lugar de fomentar la unidad. En este sentido, el dirigente popular aseguró que si su partido vuelve a La Moncloa «no hará distingos» y todos los españoles serán «iguales».
«Echaremos hasta siete llaves a la tumba del sectarismo, la discordia y la sinrazón», prometió antes de anunciar que lo primero que hará si gana las elecciones de marzo será «tratar de establecer un nuevo consenso constitucional». Según Rajoy, la reforma de la Carta Magna que plantea su partido busca garantizar «un núcleo básico de competencias del Estado que sean intransferibles» porque «el modelo autonómico no puede estar permanentemente abierto».
El PP propondrá establecer la exigencia de una mayoría cualificada (de tres quintos) para todas las reformas que afecten al bloque constitucional, a fin de que no se puedan acometer cambios, por ejemplo, en estatutos de autonomía -como ocurrió con el catalán- sin el acuerdo de los dos grandes partidos políticos.
Mariano Rajoy incluyó en el mismo paquete de reformas los cambios de la legislación electoral para que gobierne el partido más votado, en el Estado, las autonomías y los ayuntamientos. «Debemos poner fin al chalaneo de los resultados electorales», apuntó.
Además, se propone plantear al Parlamento la aprobación de una declaración institucional con el compromiso de que «no existirá ninguna negociación política con ETA» y sólo se contempla «la rendición o la derrota» de la banda.






