
«Ya era hora de que el cómic se equiparara a otras actividades artísticas», dijo ayer en una entrevista el dibujante, creador de personajes como Gustavo y Peter Pank, quien espera que el galardón sirva «para dar el impulso social y mediático que el género necesita».
Superviviente de la revolucionaria generación de historietistas españoles de los años 70, Max cultivó su estilo en revistas como 'El Víbora' -que califica como su «universidad»- y 'Nosotros Somos Los Muertos' (NSLM), publicación codirigida por él y en la que se consolidó su personaje 'Bardín el Superrealista'.
La obra premiada ayer, publicada por Ediciones La Cúpula, aúna «humor y reflexiones filosóficas» según el dibujante, e incluye una recopilación de historietas de 'Bardín' publicadas en diversas revistas y periódicos desde 1997, junto con un tercio de «material nuevo creado para la ocasión».
Dinamismo
El ingrediente básico de Bardín -personaje cabezudo siempre ataviado con traje azul- es que «habla de la realidad, pero de manera no realista», explica Max, quien añade que su obra «trata de temas que afectan a la gente corriente trasladados a escenarios inverosímiles y fantásticos».
El jurado ha valorado Bardín como una obra «gráficamente deslumbrante, con un guión original y repleta de referencias literarias, filosóficas y cinematográficas».
Con guiños a los surrealistas Luis Buñuel o Salvador Dalí, y la influencia de dibujantes como Robert Crumb o Ever Meulen, Max ha forjado un reconocible estilo propio que se caracteriza «por buscar formas innovadoras y conceder igual importancia a la temática, el tratamiento gráfico y el desarrollo narrativo», según el autor.
Max creció como dibujante en revistas como 'Matarratos', 'Star' y 'El Víbora', inicios marcados por el irreverente espíritu del cómic 'underground' norteamericano.
El historietista recuerda esa época como «un periodo necesario de rodaje y de aprendizaje», y lamenta que, en la actualidad, «los autores jóvenes españoles se vean obligados a sacar 80 páginas por demanda de la editorial, casi sin experiencia previa».
En este sentido, Max opina que el cómic español pasa por «un buen momento de dinamismo creativo», aunque éste se ve frenado porque las editoriales, por falta de recursos económicos, «no producen obras propias».






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