
Tampoco son nada del otro jueves los inevitables efectos especiales, en trance de arropar a actrices veteranas (Geraldine Chaplin, Terele Pávez) con otras de nuevo cuño (Natalia Sánchez, María de la Pau Pigem), en un conjunto tan bienintencionado como modesto, donde el misterio a resolver dentro de ese escenario, prácticamente único, carece de la impronta de los cuentos fantásticos, capaces de fascinar al público infantil.
Desde luego, la fantasía es otra cosa, es algo que tiene que ver con esa idea propagada por el bardo, según la cual los locos, los enamorados y los poetas son los que tienen mayor capacidad de ejercer la fantasía a sus anchas. Ellos y los niños, habría que añadir, pero no los que aparecen en esta discretísima cinta, limitándose a imitar a personajes surgidos de otros títulos famosos, que son fáciles de descubrir. Cine sonajero, por tanto, incapaz de conducirnos hasta el más allá o al país de Nunca Jamás.






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