SU FICHA
-¿Se sufre más como padre que como piloto?
-Si vienen mal dadas, sin duda. También paladeas más los éxitos y la felicidad. Como padre, sufre una barbaridad cuando ves a tu hijo accidentado, pero sabes que es el tributo que tenemos los que nos dedicamos a las profesiones de riesgo. El palmarés de Ander es bestial, pero lo ha pagado duro.
-Se habla mucho de lo peligrosa que es la Montaña, pero usted la deja casi sin cicatrices.
-Mira, se han matado recientemente nuestro amigo Josu Ugarte, el padre de Regal... Bergeraud lleva seis operaciones tras un accidente. Parlamento también se mató, como Danti. A Chamberaud le entró por el estómago un brazo de la suspensión y le salió por la espalda. Ander ha tenido dos accidentes serios. Yo he sido afortunado. He volado con las barquetas cortando árboles, me he chocado contra coches y público, pero las barquetas eran mucho más seguras que los fórmulas. Sólo me rompí una pierna en Murcia cuando me quedé sentado sobre el chasis y el motor. No quedaba más del coche. Si te fijas en eso, te arrepientes de que tus hijos hayan seguido tus pasos. Pero se impone tu espíritu de deportista y estoy encantado de poder correr con él en Resistencia.
-Una especialidad más 'tranquila'.
-No vamos a tener el estrés de tener que ser los más rápidos en un sprint. La Montaña, por cómo es, tiene una agresividad terrorífica. Te produce hasta apretones. En la Resistencia intervienen muchos factores y Ander es un joven cualificado y preparado para razonar y pulir las estrategias.
-¿Cómo ha llevado que un hijo le 'usurpe' récords y victorias?
-Encantado de que lo haya hecho. Es un honor, un super orgullo. Ha ganado en todo lo que ha corrido. Le admiro muchísimo. Se va de la Montaña habiendo sido reconocido en ella como el piloto más rápido de todos los tiempos.
-¿Alguna deuda pendiente con la F-1?
-Con nada ni nadie. Con la Montaña hemos tenido un acuerdo justo. Nos ha dado mucho y se lo hemos devuelto. Con la F-1, hubo dos opciones de llegar. No se puede digerir nunca del todo, pero lo damos por zanjado. A nadie se le escapa la cantidad desorbitada de intereses que hay a su alrededor. Puedes llegar a ella no con el mejor palmarés, pero sí con muchísimo dinero. Además, queremos vivir felices y no desconocer lo que va a pasar contigo el mes que viene en el equipo. Aquí, como en la Montaña, vamos a pelear por ser los mejores en algo y eso es muy grande.
-Esta llegada a la Resistencia, ¿le ha activado el recuerdo de sus dos presencias en Le Mans?
-Sí, dos momentos inolvidables. Puede que se repitan porque hemos hablado muchas veces de la enorme ilusión que nos hace correr allí un día con el equipo de la familia, mis hijos y yo. O lo mismo nos da por probar un año en Daytona. No nos ponemos límites más allá de trabajar, ser consecuentes y pensar mucho cada paso que damos.





