Entre los timos mas populares se encuentra el famoso de la estampita, en el que una persona con aspecto de anormal, ofrece 'estampitas' por un duro (hoy las ofrecerá quizá por diez céntimos de euro) y lo que está ofreciendo aparentemente, son billetes de banco de alto valor. La víctima, encandilada y pensando en quedarse con todas las 'estampitas' por poco dinero, llega incluso a sacar sus ahorros del banco para comprárselas todas al 'tonto', encontrándose después al abrir el paquete con que son recortes de papel.
Si vuelvo a hablar hoy de timos, no es porque haya conocido otro nuevo (aunque admito que la imaginación de los timadores es ilimitada), sino porque me he encontrado con una noticia del año 1885 en la que se cita el nombre que los timadores dan a sus víctimas. Léanla:
«Nos dicen de Valmaseda que el 'lila' (nombre que los timadores dan a sus inocentes víctimas) que días pasados se dejó timar en Bilbao más de 3.000 de las antiguas pesetas, no es de aquella villa, aunque tiene parientes en ella, sino de Retes, aldea de la provincia de Álava».
La noticia me sugiere dos comentarios breves. A saber: a) que las víctimas, es decir los 'lilas' (en el diccionario ya se define este vocablo concretamente como tonto o fatuo) no siempre son tan inocentes, como lo demuestran claramente timos como el del 'toco-mocho', el de las misas, o el más popular de todos, el de la estampita antes citado. b) Que por lo visto nadie desea tener en su padrón a un 'lila' y de ahí viene quizá la curiosa rectificación de los balmasedanos para dejar las cosas claras, asegurando que el sujeto engañado en este caso no era vecina de su villa.









