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Economía

ANÁLISIS
Volvemos al caballo
28.11.07 -

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El mercado del petróleo funciona de una forma extraña. A diferencia de la electricidad, el petróleo es un producto que no es necesario producir, ya que se encuentra en la naturaleza. Hay que refinarlo para obtener los innumerables productos que se derivan de él, pero se puede almacenar, tanto en origen y en bruto, como en destino y ya refinado. Esta característica facilita el proceso de acomodación del precio a la evolución de la demanda, que es estacional como en la electricidad pero con oscilaciones más previsibles y de menor entidad. Bueno, pues a pesar de todo ello el mercado de los derivados del petróleo es oligopolista y de funcionamiento poco transparente.

La naturaleza ha distribuido los yacimientos de forma altamente caprichosa, aunque quizás redistributiva. Muy poco para los países más poderosos, con excepciones como los EE UU, Noruega e Inglaterra y mucho para los países poco desarrollados como Irak, Irán, Nigeria, México y el resto de los países del Golfo, hoy omnipotentes pero ayer paupérrimos. Quizás podamos explicar el anómalo funcionamiento del mercado por su elevado carácter de oligopolio y su doble utilización como materia prima económica y arma política, pero lo cierto es que resulta altamente irritante.

Todo este rollo me sirve para constatar una simpleza. Los precios rozan los 100$ por barril en origen y fíjense en su gasolinera para ver cómo están en destino. Por si fuera poco, al adquirir un coche, muchísimos huimos de las gasolinas para refugiarnos en el más barato gasoil. Bueno, pues se han dado cuenta y los precios se han equiparado, cuando no invertido. Y menos mal que eso sucede con el euro a 1,48$. Si llega a seguir a la par, volvemos al caballo y, algunos, al burro.
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