Citó Cristina Ruiz el caso de un nacionalista que en viaje institucional a la Feria de Munich comentó a sus compañeros: «¿Qué bueno está el jamón del Estado español!» Replicó Ibon Areso con donaire que a él, lo que le gustaba, era el jamón ibérico de bellota. Comparto el gusto de Areso, pero en su aseveración hay una sutil trampa dialéctica. «Jamón» es la pata trasera del cerdo; «ibérico» designa la raza del marrano y «de bellota», su alimentación, pero nada nos dice la frase de la denominación de origen. Ésta puede ser 'Huelva', (Jabugo, Aracena o Cumbres Mayores); 'Extremadura', que tiene cinco zonas, o 'Guijuelo'.
Su compañero de partido erraba al decir «jamón del Estado español», salvo que a partir de ahora empiecen a criar cerdos en los bajos del Ministerio de Fomento, pongamos por caso. Claro que mejor sería no dar pistas. Para algún sector del nacionalismo tiene que ser muy tentadora la expresión «jamón de cerdo español», aunque pecara de imprecisión: como sabe Areso, no es lo mismo el de cerdo blanco que el de ibérico.
La gente es que es muy rara. En Frankfurt, las salchichas más comunes se llaman 'Brüwurst'. Las de Frankfurt fueron invento de un charcutero alemán establecido en Viena que empezó a fabricar salchichas tipo Frankfurt, parecidas a las brüwurst, aunque les añadía ternera en lugar de hacerlas con cerdo solamente. Las bautizó como 'Frankfurter' a principios del siglo XIX y hasta hoy.










