
LOS BELENES
En este rincón del Casco Viejo bilbaíno, los vecinos pueden visitar una docena de belenes y recreaciones al detalle de episodios bíblicos como la Anunciación y la visita de los Reyes Magos al pesebre. «Están confeccionados con todo el mimo del mundo para no descuidar el más mínimo detalle. El trabajo es muy concienzudo y hay quien empieza ya a preparar la escena del año que viene», explica Juan Miguel Ferré, presidente del colectivo vizcaíno de este gremio, que integra a doscientas personas.
Meses de trabajo
Invierten meses de trabajo en la confección de estas obras, que derrochan creatividad y parecen cobrar vida. Tanto, que la estrella que guía a los magos de Oriente brilla con luz propia, el agua corre de verdad por las cascadas, humedeciendo el musgo, las gallinas que se arremolinan junto al pesebre picotean continuamente y sin necesidad de afinar el oído se escucha el martilleo de los que trabajan con el hierro.
«Cuando ves una obra de este tipo te das cuenta de todo el trabajo que hay detrás. Pero los niños son los que realmente se fijan en todo, hasta en la minúscula golondrina que da de comer a su pichón. Y, por supuesto, todo lo que haga ruido, les chifla», asegura Ferré, que durante estos días ejercerá de guía para los alumnos de los 200 colegios de la provincia que se acercarán hasta el museo de Los Pasos para visitar los belenes.
Hace unos días se abrió al público también el belén que se coloca en el edificio BBVA de la plaza San Nicolás. Este año la escena tiene reminiscencias tirolesas y lleva la firma de Enrique Rey, socio del colectivo de belenistas de Vizcaya.
Entre quienes han desfilado ya por este recinto se encuentra el matrimonio formado por Javier García y Loli Jauregui, que llevó a su nieto Oier, de 18 meses, «a ver los muñecos». «Todavía no comprende lo que es, pero le llaman la atención la música, las luces y los rebaños de ovejas. Para nosotros venir a ver el belén es una tradición muy bonita; y cada año están más trabajados», comentaban ya finalizada la visita.
La profundidad
A su lado, el bilbaíno Armando Gozalo estudiaba absorto todos los detalles de la composición. «Es impresionante cómo se ha trabajado la profundidad. Ya es la segunda vez que vengo este año a verlo porque me gusta fijarme en cosas que pasan desapercibidas durante la primera visita. Otro día traeré a mis nietos, que son los que más lo disfrutan».
Además de estas dos muestras, la asociación belenista expondrá a partir de la próxima semana nuevos belenes en la estación de FEVE de Bilbao, en la torre de Ariz de Basauri y en el hogar del jubilado de Mungia.










