
Hace tiempo que el Consistorio tiene potestad de embargar las cuentas de los baracaldeses, aunque no lo ha hecho hasta ahora. Al recuperar este año la gestión del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), la Corporación ha recibido de manos de la Diputación la competencia de ampliar sus redes a todas las personas empadronadas en Vizcaya. Ya sin agravios comparativos de por medio, ha decidido poner en marcha un novedoso plan contra la morosidad «que solamente busca hacer cumplir las obligaciones tributarias», según destacó ayer el edil de Economía y Hacienda, el socialista Cándido Rodríguez.
Como gesto de buena voluntad, el Ayuntamiento notifica al contribuyente la opción de realizar un pago fraccionado a través de la entidad financiera correspondiente. Es una alternativa que ya se ofrece para abonar los impuestos, tasas y sanciones de manera ordinaria. «Queremos facilitar a los contribuyentes la mejor manera de pagar. Si perjudica menos a su economía hacerlo a plazos, accederemos sin ningún tipo de problema», insistió Rodríguez en tono conciliador.
Las deudas suelen acumularse una media de «dos o tres años». No es extraño que, transcurrido ese tiempo, a más de un afectado la medida le haya cogido desprevenido. Las colas de contribuyentes en busca de información sobre el asunto se han hecho habituales desde finales de noviembre. «Hasta que no le tocan a uno la cuenta bancaria, mucha gente no suele acordarse de que tiene una deuda», afirmó el concejal encargado de hacer cumplir las ordenanzas fiscales.
Despistes y recursos
Quienes consideren que la cantidad retenida no se corresponde con la realidad o detecten algún defecto de forma, tienen derecho a presentar un recurso administrativo en el propio Ayuntamiento. Mientras tanto, no se les cobrará el dinero. En muchas ocasiones el problema es un despiste que también es posible solucionar a través de un recurso. Cándido Rodríguez relató como caso «bastante común» olvidarse de dar de baja un coche que ha dejado de circular hace tiempo, lo que obliga a la institución a pasarle el recibo del impuesto por los vehículos de tracción mecánica.
La picaresca, sin embargo, suele ser habitual en el pago del Impuesto de Construcciones y Obras (ICIO). Muchos no hacen frente a las cantidades estipuladas porque piensan que los trabajos realizados no serán descubiertos. Craso error. «Tenemos muchos casos de esos», advirtió Rodríguez.









