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Izaskun Bilbao Presidenta del Parlamento vasco
«Suena Melendi y me disparo»
09.12.07 -

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«Suena Melendi y me disparo»
HUMOR. «No puedo transgredir cuando me gustaría». / I. ONAINDIA
«¿Esa mujercica es la presidenta?». La misma que dirige la orquesta sinfónica de los 75 parlamentarios vascos y calza tacones de espina. Lo que no sabe el camarero es que esta bermeana del 61, jovial y efervescente, lo mismo restaura una cómoda o teje un calcetín que se 'desmelendi'.

-¿Le pitan los oídos?

-Pues no, pero seguro que más de uno me silba...

-Al fin y al cabo es una especie de árbitro, y ya se sabe lo que pasa con los colegiados...

-La diferencia es que ellos tienen curso de formación y yo no. Pero, hasta ahora, no me lo han puesto difícil.

-Y dígame, siendo claramente casera, ¿distingue bien los fuera de juego?

-Me parece que sí. Lo que ocurre es que el campo es muy grande, y mientras sigues el balón igual hay dos pegándose en la esquina.

-Así le pillaron a usted hace dos años y medio, cuando la eligieron para el cargo. ¿Ahora disfruta de lo lindo?

-Lo llevo con más tranquilidad, mucha intensidad y con el propósito de ofrecer una perspectiva diferente de la política, abriendo las puertas del Parlamento, incluso, de manera gráfica. De hecho, hemos quitado las cortinas, pintado de otro color, colocado una obra impactante... ¿Hay que acercar las instituciones a la gente!

-Ya. Y, entre medias, horas y más horas escuchando a los políticos. «¿No hay jornal que lo valga!», clama mi abuelo.

-Ja, ja. Su abuelo tiene razón, aunque se pasa mucho más rápido de lo que parece.

-Cuando cada noche vuelve a su casa de Bilbao, ¿qué sueña?

-Sueño con que llegue el fin de semana y dormiiiirrrrr.

-Y cuando se refugia en Bermeo, ¿qué fantasea?

-Me basta con respirar salitre y mirar al horizonte. Haber nacido en ese pueblo ha condicionado mi visión de la vida. Por un lado, por la contradicción que supone que las vías del tren acaben allí -de pequeña pensaba que el mundo terminaba en Bermeo- y que tenga un cielo que no se acaba.

Los hombres, aterrados

-Muy romántico. Precisamente ahora mismo le iba a preguntar por su idilio... con el bricolaje.

-¿Ah! Ja, ja. Esa es una relación amorosa que pasa por un mal momento. Además de la madera, el destornillador y el taladro, también me gustaba hacer vestidos a mis muñecas, calcetines de punto... Recuerdo que con cuatro o cinco años acabé con una tijera en un ojo. Me ha quedado una manchita, ¿la ve? Otra vez la máquina de coser me atravesó un dedo...

-Pare, que me mareo. ¿Y cómo anda de los otros? Idilios, claro.

-Yo creo que está bastante claro, ja, ja. Lo que más me preocupa es que desde que soy presidenta los hombres están aterrados. ¿Y encima me lo dicen! Es terrible, ja, ja.

-Entonces, ¿el mito es cierto!

-Sí. Y yo no hago nada distinto a lo que hacía, sólo que ahora tengo más responsabilidad.

-Cobardes. Sin embargo, al revés eso no ocurre.

-No. La erótica del poder sólo funciona con los hombres.

-Curioso. Por cierto, cuentan que, como buena jeltzale, es organizada, metódica y responsable. ¿Algún puntito subversivo que le añada 'punch'?

-Ja, ja. Sé que la transgresión tiene mucho aliciente pero, como comprenderá, no puedo transgredir cuando me gustaría.

-Usted trabajó para Joseba Arregi, ex consejero de Cultura e inaugurador oficial de la guía 'michelín' de Arzalluz. ¿Su tipín revela un diez en sumisión?

-Una cosa es ser sumisa, que no es mi caso, y otra bien distinta ser leal, algo que me parece muy importante.

-¿Y cuando uno no comulga con algo, chitón?

-¿Usted comulga con todo en todos los sitios, con su familia, su pareja, sus amigos, su trabajo...? ¿Es imposible!

-Luego pasó al Departamento de Interior, con Juan Mari Atutxa a la cabeza. ¿Qué lección aprendió?

-Fue un buen jefe. Sabe hacer equipo, da libertad para trabajar y siempre está detrás para respaldarte.

-Bailona empedernida, ¿borda el reguetón, el techno o el arin-arin?

-Me atrevo con todo. Escucho el ritmo que sale de mi cuerpo y me someto a él sin ningún esfuerzo. Oigo música y algo se me activa. ¿Melendi me pone como una moto! Suena y me disparo, ja, ja.

-Atiza. Oiga, dicen que la bermeana es la mujer española que más veces va a la peluquería por semana. ¿Podría desvelar el misterio de la laca y el rulo?

-La mujer bermeana es sensata, valiente, trabajadora, alegre y tiene la cabeza bien puesta. Y, en lo que a mí respecta, sólo voy a la peluquería una vez al mes.

-La última. Es pequeñita, pero no parece matona. ¿No será de Ea?

-Ja, ja, ja. No, le aseguro que soy de Bermeo y del PNV.
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