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Política

POLÍTICA
«Las exigencias políticas dificultan el acceso a la causa de las víctimas»
09.12.07 -

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-¿Una visión ética de inspiración cristiana del problema vasco debe tener en la memoria y justicia debidas a las víctimas un punto de vista esencial?

-Yo diría integral o mejor integrante. Todo aquello que es integrante de una experiencia profundamente humana como la de las víctimas me parece que debe ser tenida en cuenta en un proceso de pacificación, con el respeto debido a la sangre y al sufrimiento. Pero en honor y en defensa de la misma dignidad de la causa de las víctimas, entiendo que el modo de comportamiento de éstas debe hacer posible el acceso al amor y al respeto que se les debe. No debería estar dificultado por una exigencia política de adherirse a sus planteamientos políticos, como si éstos debieran ser asumidos por todos.

-Usted escribe que las víctimas han sido manipuladas, lo que en algún caso es cierto, pero suena a coartada para escapar de una declaración más afectuosa hacia ese colectivo. Sus adversarios le acusan de falta de piedad.

-No tengo conciencia de no haber respondido a esas exigencias del respeto debido a las víctimas y a sus derechos, o de haberlas tratado mal. Se han dicho muchas mentiras e inexactitudes con respecto a mi comportamiento y al de la Iglesia vasca. Yo he tenido mis experiencias. Después de recibir a representantes de las víctimas en mi despacho, en un ambiente de relación afectuosa y cordial, al día siguiente me he encontrado con la noticia de que habían salido desazonadas porque el obispo no les había atendido. Eso fue una grave mentira.

-Txiki Benegas, ex secretario general del PSE, publica un libro - 'Diario de una tregua. Una oportunidad perdida' (Editorial Espejo de Tinta)- en el que relata una conversación con usted, tras el aesinato del senador Enrique Casas. Le llamó para que los funerales se celebraran en la catedral del Buen Pastor y se negó porque crearía un precedente ya que si matan a un etarra y le piden la catedral tendría que cederla. «Todos son hijos de Dios», dice que fue su argumento.

- Quisiera que ese hecho se contara con objetividad y en su totalidad. Me hallaba en Madrid centrado en los trabajos de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española. Se me dijo que me llamaba un tal Josemari para hablar conmigo. ¿Quién era aquel Josemari? Me costó caer en la cuenta que se trataba de Txiki Benegas. No recuerdo los términos precisos de la conversación, pero lo dicho entonces fue que se cumplieran las normas establecidas para estos casos: los funerales debían celebrarse en las parroquias propias. No quería convertir la Catedral en un lugar de exaltación de propaganda política. En eso fui muy firme en todos los casos También en relación con otros partidos. No es tampoco verdad lo que dijo un periodista de Madrid sobre el funeral de Gregorio Ordóñez . Decía que cómo podía ser obispo de una diócesis quien era rechazado por la peligresía que le dejó sólo en el momento de dar la comunión. El hecho era falso. Se han contado muchas inexactitudes de mí.

-Episodios como ese o frases como «los militantes de ETA también son víctimas a los que la Iglesia debe atender» han llevado a José Bono, ex ministro de Defensa y hombre de Iglesia, a decir que usted tiene un ordenador en la cabeza pero poco corazón de pastor.

-Comienzo por decir que tal frase no la he dicho ni escrito nunca. Corazón tengo. Y es de pastor. Que las formas de manifestar los afectos en ese corazón de pastor no son las que él hubiera deseado, es libre para pensarlo y decirlo. Sabrá por qué lo dice.
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