
La apuesta programática socialista, que no se aprobará hasta finales de enero, será en esta ocasión mucho más «contenida». En parte porque las previsiones económicas son menos favorables que hace cuatro años. Y en parte, admiten en el Gobierno, porque cuando uno está en el poder tiene la obligación de hacer propuestas «más creíbles» y se puede permitir menos licencias que cuando está en la oposición. Aún así, Zapatero ya ha comprometido partidas para doblar las pensiones mínimas, compensar a las comunidades autónomas por la supresión del impuesto sobre el patrimonio o pagar el dentista infantil.
Solbes vigila de cerca. Es el precio que tiene que pagar el PSOE por utilizar su 'buen nombre' como reclamo electoral. El ministro de Economía es considerado un elemento clave de la estrategia socialista; el contrapeso necesario a la figura desenfadada del presidente del Gobierno. Con él, se pretende atraer, no tanto al electorado del PP (que el PSOE juzga casi inalcanzable) como a la izquierda moderada que ha llegado al último tramo de la legislatura con serias dudas sobre su participación en los comicios.
De acuerdo con el último estudio del CIS, la fidelidad de voto de los populares roza casi el 90%. La de los socialistas es diez puntos menor. Además, el 'barómetro' indica que un 5,1% de quienes respaldaron al PSOE en 2004 cambiarían su papeleta por la de Rajoy. El partido de la oposición dice que es su apoyo huido, que regresa.
Católicos y de izquierdas
Los socialistas son mucho más escépticos. Aseguran que los grandes trasvases de votos no se producen entre los dos partidos mayoritarios, sino entre éstos y la abstención. «No hay que engañarse -argumenta un asesor de Zapatero-, las elecciones las decide el electorado del PSOE». Esta tesis se sustenta en el hecho de que en 2004 el PP tan sólo perdió medio millón de votos respecto a 2000. Los socialistas, en cambio, ganaron tres millones. El 'quid' está, según su criterio, en lograr la máxima movilización y evitar fugas como las que presumiblemente se produjeron en las últimas municipales.
La receta de uno de los hombres más cercanos al líder del PSOE es la de situarse donde están los ciudadanos. Los estrategas creen que la sociedad española atesora fundamentalmente los valores de la izquierda, pero que también es católica y muy española. Esto explica el intento de marcar distancias con los nacionalistas y la renuncia a acabar con los privilegios de la Iglesia católica en el futuro programa. Es el debate que aún se libra en el seno del partido, pero que de nuevo ganarán los conservadores.







