Uriarte hizo públicas estas reflexiones en su Carta Pastoral de Adviento, titulada 'La esperanza vence al miedo'. En ella, el obispo guipuzcoano confía en que el retroceso observado sea sólo «transitorio», aunque advierte de que a día de hoy «nada asegura que habrá de ser así». Estima, de hecho, que la «nueva decepción y un renovado temor a la confrontación inhumana han congelado la ilusión de los ciudadanos y debilitado su esperanza» de alcanzar finalmente la paz.
Ante el desolador panorama descrito, el prelado se dirige a los «numerosos cristianos» implicados en responsabilidades políticas, tanto de partidos como de gobierno, para que en su condición de «personas públicas» se conviertan en «generadores de esperanza». «Lo son cuando saben anteponer el bien común a los intereses, practican la autocrítica, huyen de la descalificación sistemática de sus adversarios y realizan el máximo servicio con la mínima voluntad de protagonismo», concreta el texto pastoral.
Derrotismo pasivo
Uriarte asigna similar cometido a los medios de comunicación. Reconoce su «enorme potencial configurador de la mentalidad, sensibilidad y conducta» de los ciudadanos y acepta, por su «servicio a la verdad», que difundan las noticias «terribles» que a veces engendra la actualidad, pero anima a reflejarlas siempre desde un prisma constructivo. «Si por motivos comerciales o ideológicos se describen y comentan de manera reiterada y duramente sesgada los aspectos sombríos de la realidad, el ánimo de los ciudadanos encoge y puede ir hundiéndose en un derrotismo pasivo», exhorta.
Respecto a los medios de comunicación de la propia Iglesia, el obispo donostiarra cree que deben de ser ejemplares también a la hora de suscitar la esperanza. Muchos escritos y programas, sostiene, son coherentes con este «deber ineludible», pero «lamentablemente no todos». «La Iglesia debe evitar que sus profesionales destilen animosidad, ironía mordaz o sectarismo para no desmoralizar, desanimar ni sembrar desesperanza», defiende en su carta.
Uriarte concluye su escrito pastoral afirmando que «en esta tierra nuestra, fuertemente tocada por el azote del terrorismo, el desencuentro político, la incertidumbre del respeto efectivo de los derechos humanos y el alejamiento de la perspectiva de la paz», los cristianos son requeridos a mantener viva la esperanza, «expresada en obras y palabras».







