
LA ENFERMEDAD
Aunque se conocen casos desde los años noventa, fue en 2006 cuando se extendió la alerta por el 'cáncer del pino' tras la aparición de focos en toda la cornisa cantábrica. El Ministerio de Agricultura aprobó un decreto con medidas de prevención y control que en Euskadi aplican el Gobierno vasco y las diputaciones. Esta enfermedad forestal -descrita ya en 1946- provoca una lesión en el tronco y deja los árboles secos. Ataca el pino radiata, la especie más extendida en Vizcaya con 72.000 hectáreas de plantaciones.
Su incidencia dentro de esta masa forestal es limitada, según los datos que maneja el Departamento foral de Agricultura. En el informe enviado al ministerio en diciembre de 2006, la Diputación localizó 124 hectáreas afectadas por el fusarium. En junio de este año remitió al comité fitosanitario nacional un mapa en el que, dentro de esas zonas, identifica dieciséis focos con numerosos árboles enfermos: once están Iurreta y cinco en Muxika y en total suman 30 hectáreas de superficie. Finalmente se han cortado 42, ya que los propietarios con parcelas colindantes a las declaradas han talado más ejemplares. En las áreas demarcadas -de un kilómetro alrededor de cada foco- la normativa exige un «seguimiento intensivo» y una cuarentena en la plantación de pinos.
Las matarrasas han segado plantaciones de distintas edades, «desde árboles jóvenes hasta de 35 ó 40 años», explica la diputada de Agricultura, Irene Pardo. Antes de salir al mercado, la madera cortada se somete a tratamiento en alguna de las siete serrerías vizcaínas autorizadas por el Gobierno vasco (en Iurreta, Muxika -dos- Elorrio, Zeberio, Lekeitio e Igorre). Durante media hora se mantiene a una temperatura de 56 grados centígrados para garantizar la destrucción del hongo. Después, se comercializa sin problemas. Una guía de transporte recoge paso a paso la ruta que sigue la madera contaminada desde el monte hasta la empresa.
Ahora, eucalipto
Estos días se están quemando los residuos que quedan en el monte tras las cortas. La Diputación se mantiene en contacto con los propietarios de las parcelas «a través de la asociación de forestalistas», dice Irene Pardo. Los afectados pueden acceder a ayudas económicas siempre que hagan repoblaciones. Como el chancro es una enfermedad de cuarentena y durante dos años no podrán volver a plantar pino radiata, la mayoría han optado por el eucalipto.
Mientras tanto, la institución foral hace prospecciones en 172 puntos repartidos por todo el territorio para saber si hay más zonas afectadas por el fusarium. Los guardas forestales realizan inspecciones visuales -el primer síntoma son las puntas de las ramas secas- pero el diagnóstico debe ser confirmado en el laboratorio. El invierno pasado se detectó el hongo en uno de los 19 viveros que trabajan con pino radiata y se quemaron sus 45.900 plántulas.









