APORTACIÓN COMÚN
Javi Salgado siempre ha sido fijo en el elenco. Técnico y 'playmaker' han crecido juntos como centenarios en la ACB. Todo lo que han hablado, lo que se han dicho y, también, lo que habrán tenido que callarse en momentos de tensión, ocuparía varios tomos. Cumplen siete años de relación en el Bilbao Basket. Basta con que se miren para saber todo el uno del otro. Vidorreta le ha otorgado confianza y galones de capitán. Son los dos iconos bilbaínos en el equipo de la tierra. Pero le faltaba al de Santutxu un confidente, alguien en quien apoyarse, incluso un compañero que le usurpara parte de su protagonismo. Con la parte alícuota de responsabilidad y tensión cedida en el 'pack'.
No hubo dinero unas veces y suerte otras en dar con el elemento deseado hasta que Marcelinho Huertas se puso a tiro. Curiosamente, después de que otro ex penyista, Elmer Bennett, optara por relajarse unos meses antes de saber si le apetece o no seguir en activo. Al bueno de 'Benito' le debemos indirectamente la llegada del paulista. Cuando se negoció su cesión con el DKV se conocían sus buenos argumentos, pero tampoco había constancia de cómo reaccionaría al ser ascendido.
Ahora sí. Acierto pleno el de su localización y contratación. El jugador aporta de lo suyo: una explosividad casi impropia. Con una capacidad física demoledora, hace de los arranques de partido una penitencia para sus oponentes. La táctica es sencilla en apariencia. Pero funciona sin arritmias. Huertas es el primero en coger el bisturí. Los primeros cortes llevan la marca de su pulso. Separa capas aquí y allá y extirpa todo lo que sea necesario para ampliar la calidad de vida de su equipo.
Buena conexión
Cuando la maniobra quirúrgica requiere un componente más conservador -el sentido estricto del término viene que ni pintado-, es Javi Salgado el que ocupa el lugar reservado al cirujano jefe. La competencia no les ha convertido en extraños. Todo lo contrario. Su buena conexión es aprovechada por el resto de la plantilla como señal inequívoca de que todo se desliza en la franquicia de La Casilla sobre raíles perfectamente engrasados. No hay más que ver cómo se jalean el uno al otro en la pista. Lo mismo que los abrazos sinceros en que se funden cada vez que otro triunfo cae en el zurrón.
Anotan, presionan, dirigen, asisten. Son bases. Básicos, fundamentales para el bienestar de un iurbentia lanzado. Ellos saben mucho de propulsión.





