Aprobar unos pluses para quienes más responsabilidades docentes cargan sobre sí es una decisión razonable. También lo es recompensar una responsabilidad que añade trabajo y preocupación al propio oficio. Nadie quiere ser director, por ejemplo, por más que en Infantil y Primaria los alumnos todavía no acosen a los profesores. Seguramente por falta de trapío, que no de voluntad.
No es esto lo que critican los sindicatos no firmantes y ahora criticantes, sino los pluses concedidos a los tutores y coordinadores, que no alcanzan a los docentes llamados especialistas, es decir, los que imparten Música, Inglés, Educación Física e Infantil. Las tutorías y la coordinación de curso recaen sobre un profesor generalista que es a quien compete la enseñanza de todas las demás asignaturas en las primeras etapas educativas.
La cuestión es que los especialistas no han visto bien su discriminación a la hora de cobrar los pluses y se han plantado. Ellos consideran que esos trabajos que se reconocen con los pluses se reparten entre todo el profesorado sin distinción y que los pluses, como la tierra de Emiliano Zapata, son para quienes se los trabajan. Por eso, a partir de ahora, no harán ninguna actividad que desborde sus horarios: de 9 a 12 y de 2 .30 a 4 .30. No llevarán a los niños a museos, ni a sesiones especiales de cine, representaciones teatrales, ni colaborarán en la ornamentación navideña o en el montaje para recibir al Olentzero.






