
EL LIBRO
EL LIBRO
Por si alguien pudiera pensarlo, no hay nada de autobiográfico en esta novela editada por Planeta. Quien disfrute encontrando parecidos, deberá buscarlo en su filmoteca. «No es que me haya inspirado en la película, pero si tenía muy viva la imagen del elegante y borracho abogado bostoniano que interpreta Paul Newman en 'Veredicto final'», comenta el escritor.
Por lo demás, 'Las obras infames de Pancho Marambio' es del todo original. Una afirmación de perogrullo, absolutamente innecesaria, si no fuera por las acusaciones de plagio a las que el escritor se ha tenido que enfrentar en los últimos meses. «Se trata de una campaña», asegura. «Y además está orquestada por una persona que en su día ya intentó algo parecido contra Mario Vargas Llosa, porque le dijo que era un escritor pésimo. Se trata del peruano afincado en Madrid Herbert Morote. En su día, incluso presenté uno de sus libros».
Sin embargo, las cosas han cambiado mucho desde entonces. «Mario me lo advirtió: 'Cuidado, que es mal bicho', pero no le hice caso», explica copiando una de las primeras escenas de su novela, en la que los amigos que Bienvenido tiene en Barcelona le reprochan que haya confiado en otro amigo común, el 'Tintado' Pancho Marambio, para la reforma de su nueva casa. Las infames obras que realizará serán el detonante de su abandono a la bebida.
«Morote me envió sus manuscritos durante mucho tiempo, hasta que abrumado le pedí que no lo hiciera más, que me pasaba el día leyendo manuscritos y los suyos además tenía que corregirlos ya que eran ilegibles. Al día siguiente recibí un e-mail suyo en que decía: 'Voy a acabar contigo, te mataré, te lincharé...»
«No soy tan bruto»
Por ello, Echenique afirma que no le preocupa el asunto del plagio. «Los tribunales ya me han dado la razón en primera instancia. Además, la fórmula para desatar la acusación es tan canalla que no se sostiene. Sacaron de una revista una artículo de un embajador peruano jubilado, que vive en Ginebra, y lo publicaron con mi nombre en el periódico en el que colaboraba. Y me pescaron. ¿Pero alguien puede pensar que soy tan bruto cómo para hacer algo así?».
El asunto está en manos de su abogado y aunque sabe que «se está soltando mucho el diente en Perú», no quiere entrar en polémicas. «Tengo una carta del embajador en cuestión en la que me avala; jamás presentará cargos contra mí. Esto pasará y entonces intentarán joder a otro», sentencia.
No es la primera vez que vive extraños sucesos en su país. «En los tiempos de Fujimori (al que se opuso), sentía morriña y volví a vivir en Lima. Al llegar, me esperaban dos coches, en uno me dieron una terrible paliza y después me lanzaron frente a la embajada de EE UU. Eran las 11 de la mañaña. La impunidad de la dictadura me resultó insufrible y regresé a Barcelona».








Lo último:








