La mayor parte de los datos quedan muy aparentes. La actividad económica aumentó en Bilbao en un 6% el número de empresas y en un 5,7% la cifra de empleos. No sólo se ha crecido, sino que «se ha crecido muy bien, con un desarrollo más solidario, con más empresas y empleo de mayor calidad que contribuyen a reducir las desigualdades sociales». Todo esto es objetivamente cierto: la contratación temporal ha disminuido a favor de los contratos indefinidos y el saldo migratorio en Bilbao es positivo desde el año 2000.
Lástima que algún otro dato nos oscurezca el panorama, una cagada de mosca, un borrón de tinta que desluce una hermosa caligrafía: 90.000 personas viven bajo el umbral de la pobreza en Bilbao. Se considera que una familia integrada por tres personas vive bajo el umbral de la pobreza cuando sus ingresos mensuales no alcanzan los 874 euros mensuales. La cifra de personas en estas condiciones en la Comunidad Autónoma Vasca supone el 23,6% de la población, un porcentaje algo menor que el de Bilbao, que es 25,3%. Veinte mil personas perciben en Bilbao la renta básica y otras 10.000 ayudas de emergencia.
Todo esto es muy contradictorio. Solbes nos recomienda la medida precautoria de que pongamos conejo en la mesa por Navidad, al tiempo que nos riñe por rumbosos a la hora de la propina. Y añade, para rematar la incoherencia, que los españoles son ahora más ricos que en 2004. Como dice mi amigo J., habrá querido decir que los españoles ricos, son más ricos que hace cuatro años. Vivimos como ricos, pero una de cada cuatro personas que nos cruzamos por la calle tiene problemas para llegar a fin de mes. Estamos en condiciones de repetir la cínica definición de Ambrose Bierce: «Un pobre es alguien que no puede pagar sus impuestos. Por ejemplo, el magnate Vanderbilt».










