
LOS DATOS
El cambio permite a los pasajeros realizar la conexión entre ambas capitales en poco menos de cinco horas con prestaciones similares a las del AVE. Concretamente, el nuevo tren realiza el trayecto entre las estaciones de Chamartín y Abando en 4 horas y 43 minutos. «Todo un lujo», coincidían ayer los primeros usuarios nada más pisar el andén bilbaíno. La opinión era unánime entre todo el pasaje. Tanto, que algunos incluso se atrevían a decir que ya no volverían a coger el avión ni el autobús para desplazarse entre ambas ciudades.
«No compensa utilizar otro medio transporte. Resulta comodísimo y te deja en el centro de la ciudad», comentaba uno de los 135 pasajeros que ayer realizaron el primer viaje del 'Alvia 130' a la capital vizcaína. Hasta el propio maquinista del convoy, concebido como un tren de transición para aprovechar los dos sistemas de tráfico ferroviario hasta que se instaure la alta velocidad en los principales corredores del país, reconocía con cierto pudor que se había «emocionado» al entrar en Abando. «Es que nunca había visto tanta expectación por la llegada de un tren», aseguraba Miguel Pérez al bajarse de la imponente máquina.
Con capacidad para 299 pasajeros, el 'Alvia 130' de Renfe rebajará en hora y cuarto el tiempo de viaje además de incluir servicios como internet, televisión o toma de electricidad bajo el asiento. El tren, compuesto por un total de once vagones muy similares estéticamente a los del AVE, contará por ahora con una única frecuencia diaria de ida y vuelta, aunque los responsables de la compañía ferroviaria no descartan incrementar en próximas fechas el número de trenes entre ambos puntos. La escasez de horarios es precisamente una de las pocas cosas que no terminaban de convencer a los primeros usuarios. «Es que hay muy poca oferta», comentaba Patricia Pérez a su familia. «Deberían poner más trenes. En la línea que une Madrid con Valencia hay una salida cada hora», apostillaba Javier.
«Es precioso»
La mayoría de las personas que ayer abarrotaban el andén número ocho eran familiares de los viajeros, pero también fueron muchos los curiosos que decidieron acercarse hasta la estación de Abando para ser testigos directos. Había de todo. Jubilados, jóvenes, padres con niños pequeños y hasta operarios que habían trabajado en su construcción. «Me hacía mucha ilusión verlo articulado, porque lleva un cambio de ejes muy interesante», comentaba uno de los empleados de la compañía, que prefiere mantener su nombre en el anonimato. Víctor, Dolores Arrue, Santiago Lasa, Maider González, Francisco López... Ninguno quiso perderse el histórico momento. «Es precioso», aplaudían cuando el tren hacía su entrada en Bilbao.










