
-Pues le habrán venido muchos recuerdos a la cabeza.
-Fue una época de un trabajo intensísimo y un enorme privilegio.
-Dice la canción que veinte años no son nada, no sé en su caso.
-Algunos de los médicos residentes que son ahora alumnos míos en la Escuela Nacional de Sanidad tenían entonces tres o cuatro añitos. Para ellos realmente es toda una vida. Así que definitivamente veinte años es mucho tiempo.
-¿Cómo se gestó Osakidetza? Imagino que el traspaso fue complicado.
-Realmente Osakidetza nació en 1983 como el primer servicio de salud autonómico creado en la España postconstitucional. Estaba entonces de consejero Javier Agirre (PNV) y el director del Servicio Vasco de Salud era Iñaki Azkuna.
-Ahora alcalde de Bilbao.
-Y la persona que me sustituyó al frente del Departamento de Sanidad. Es interesante porque siempre intenté que Osakidetza fuese percibida como una institución de todos. No me duelen prendas, al revés, me encanta ver cómo el PNV contribuyó a poner en marcha un concepto moderno de servicio vasco de salud, de tal manera que cuando se forma el Gobierno en el que entro yo (1987) Osakidetza ya tenía 4.000 personas trabajando.
-Cinco veces menos que hoy en día.
-Por aquel entonces hubo una convergencia interesante entre lo que fue el planteamiento del gobierno monocolor del PNV y los planteamientos que tenía el gobierno central socialista tras haber creado la Ley General de Salud. En ese sentido, Osakidetza encajaba perfectamente. Cataluña, sin embargo, recibió las transferencias del Insalud en el año 1981. En el País Vasco tardó varios años por una disputa histórica sobre la interpretación de cómo había de transferirse la seguridad. Por otro lado, la presencia del terrorismo hacía que la situación fuese más complicada.
-¿Cómo se resolvió?
-Con un gobierno de coalición entre nacionalistas y socialistas. En las elecciones de 1986 el Parlamento salió muy fraccionado y después de un largo proceso de negociaciones se llegó a un acuerdo en el que se cedía la lehendakaritza a Ardanza y los socialistas nos hacíamos con la cartera de Sanidad. Uno de los aspectos nucleares del acuerdo, puesto que la transferencia del Insalud fue el plato más fuerte de aquel Gobierno vasco de coalición.
-Trasferencia que se realizó el 1 de enero.
-El Gobierno tomó posesión el 12 de marzo e inmediatamente se empezó a negociar la transferencia acordando que tendría efecto a partir de 1 de enero de 1988. Me acuerdo que pusimos anuncios en todas partes.
-Tocaba venderse.
-Por supuesto. Hicimos un montón de publicidad de todos los servicios.
-¿Qué recuerdos guarda de aquella época?
-Del pasado siempre nos acordamos de lo bueno. Para mí fue una etapa apasionante en la que, por caminos absolutamente insondables, tuve el privilegio de contribuir a poner en marcha el mejor servicio de sanidad pública que ha tenido España nunca.
Tecnócrata de Harvard
-Usted no venía precisamente del mundo de la política. ¿Le costó mucho convencer a sus compañeros de partido para sacar adelante un proyecto tan innovador para la época?
-Realmente no. Yo era un profesional que además hacía muy poco tiempo que había vuelto de Harvard.
-Un tecnócrata en toda regla, vamos.
-Sí, pero siempre estuve metido en la actividad universitaria por la democracia en el franquismo... Era un técnico, pero con un cierto compromiso cívico. Así que la propuesta de entrar en el Gobierno me aterrorizó.
-De hecho, su nombre no estaba incluido en las quinielas ni siquiera como posible aspirante al cargo.
-Efectivamente. Es más, yo estuve fuera durante la época en la que se gestó el gobierno y me pasé prácticamente un mes y pico viendo cómo en la prensa se barajaban nombres. ¿Y yo ya sabiéndome con las gafas puestas! Eso sí, tuve que comprarme los periódicos para leer la biografía de todos los miembros del Parlamento, las memorias, las encuestas... Por ejemplo, de aquel mes de estudio salieron cosas como el Plan Dental Infantil (PADI), que ha colocado a los niños vascos como los menores europeos con mejor salud.
-Pero no fue su única aportación. También creó la tarjeta sanitaria.
-La verdad es que fue una época de enorme creatividad y tuve la suerte, con una excepción, de tener un gran equipo que iba mucho más allá de la gente de nuestro entorno. Fue una época en la que una parte importante de la sociedad vasca y de la profesión tuvieron una cierta sintonía común para hacer algo con lo que la gente estaba muy entusiasmada. La verdad es que en aquel gobierno capitaneado por Ardanza se hicieron cosas muy interesantes en sanidad.
-Como la cita previa.
-Por ejemplo. Quizá una de los aspectos que más trascendencia ha tenido ha sido lograr la universalización total del sistema. También fuimos la primera comunidad autónoma que anunció que la sanidad era responsabilidad nuestra. Publicamos unas páginas en las que se informaba a los ciudadanos de todos los servicios. Luego vino la cita previa. Hasta ese momento, las ambulatorios funcionaban como las carnicerías. De hecho, la gente que trabajaba en mi entorno hicimos una cosa insólita con los medios de comunicación. Sin decirles nada, les pedimos que fuesen a filmar a los ambulatorios porque esas imágenes serían historia. Te puedes imaginar el mosqueo y el cachondeo del personal.
-Tendrá mil anécdotas.
-Imagínese. Yo venía de fuera y me veían como un tipo un poco raro que mandaba grabar cosas extrañas. Al día siguiente de la grabación anunciamos el sistema de la cita previa con una colaboración de humoristas.
-¿De humoristas!
-El teléfono para llamar aparecía en las bolsas de pan, en la leche, en los billetes de la autopista... Honestamente yo tenía la ventaja de conocer el sistema británico y conocía ese tipo de artimañas. Cada dos meses intentábamos que hubiera una sorpresa positiva, algo nuevo. Primero fue la tarjeta infantil, después la de los adultos... También metimos a las personas que estaban en beneficencia dentro de la Seguridad Social. En este aspecto hay una persona que merece ser citada porque fue un ser excepcional. Se trata de Adolfo Giménez, entonces secretario de la Seguridad Social. Un año más tarde se hizo en toda España. A partir de entonces la asistencia sanitaria de la Seguridad Social empezó a ser financiada más por impuestos que por cuotas.
-Por aquel entonces Osakidetza era todo un ejemplo para el resto de autonomías.
-Por eso me causa gracia que veinte años después salga una comunidad como la valenciana y diga que es pionera en segunda opinión médica cuando nosotros llevamos dos décadas.
-¿Considera que el Servicio Vasco de Salud todavía sigue siendo una referencia?
-Yo creo que sí. Una de las cosas que realmente me preocupan es que pierda el liderazgo que tuvo. Especialmente cuando leo en la prensa todo el conflicto surgido en torno a Osakidetza. La sanidad debería estar fuera de la confrontación de partidos. Incluso las legítimas reclamaciones sindicales deberían estar canalizadas en un marco que salvaguarden lo que es la parte clave del servicio sanitario: los pacientes son sagrados y no puede suceder nada que les moleste en su entorno.
-En cualquier caso, no cabe duda de que el resto de comunidades autónomas también han avanzado en los últimos años y ese primer puesto del que presumen los responsables de Osakidetza parece que empieza a tambalearse.
-En nuestro país no tenemos un sistema de información que permita comparar unos sistemas con otros. De todas formas, yo me alegro de que otras comunidades vayan para arriba.
-Después de veinte años, ¿de que se siente más orgulloso?
-De varias cosas, sobre todo de la extensión de la cobertura sanitaria. El haber superado por primera vez en la historia de España la caridad sanitaria y hacerlo derecho cívico es algo que tiene una enorme importancia. Aunque sin duda alguna y en términos globales me enorgullece que Osakidetza haya sido la institución mejor valorada por los vascos.
-Le acaban de nombrar presidente de una comisión del Consejo de Europa en el buen gobierno de los servicios sanitarios. ¿Cómo se ve Osakidetza desde Estrasburgo?
-Ya me gustaría que el resto de cosas se viesen como la sanidad.







