
-No afecta para nada, para nada. En absoluto. Es más, tenemos una relación extraordinaria, nos llevamos de maravilla. La que se lleva los berrinches es mi mujer: el hijo por un lado, el marido por otro... Y ahí hay un espacio muy complicado para ella. Se trata de un mundo radical, cuyos razonamientos no acepta, no entran en su mente.
-¿Las navidades alivian o lo contrario?
-Nos distraen, nos distraen.
-¿No chocan padre e hijo?
-En absoluto. Consejos le doy, soy padre. Pero nunca hemos tenido tensiones por la política. Aitor, dentro de su mundo, es una persona muy razonable y muy civilizada.
-Con la que usted, políticamente, no comulga.
-En absoluto.Y por mucho.
-Porque usted se declara constitucionalista.
-Por supuesto.
-Cuando conoce la filia política de su hijo, ¿se lleva usted un disgusto?
-No. Él ya era portavoz de LAB en Gamesa, era su mundo. Entonces yo ya sabía que en algún momento algo podía salir. Y en este caso, al ser un liberado sindical han echado mano de él para las Juntas.
-¿Qué le pareció la imagen del ex-concejal Ibarrondo en los juzgados?
-Hay que esperar hasta el final. Ibarrondo es una persona a la que yo he conocido muy bien y no me cabe en la cabeza que un concejal que ha tenido tantísima actividad urbanística, por una pequeña cosa, pueda acabar mal. Si ha habido una voluntad de especular o beneficiarse, ha tenido ocasiones mucho mayores. Yo no creo que Ibarrondo vaya a salir recriminado.
-¿Siente verlo en esa situación?
-A mí más que verle en los juzgados me disgustó el momento en que se le empezó a venir todo encima. Hubo acusaciones políticas que no me parecieron limpias.





