
SONRISAS. Melchor sostiene a un niño en brazos ante la mirada divertida de Baltasar. / MITXEL ATRIO
Sus Majestades acudieron a repartir regalos entre los pequeños hospitalizados en Basurto antes de recorrer las calles de Bilbao
«Yo ya les conocía porque les vi el año pasado», comentó una niña
Los niños ingresados en el hospital de Basurto recibieron ayer una visita muy especial. Horas antes de que ocuparan los reales tronos en sus carrozas de la Cabalgata que recorrió las calles de Bilbao, Melchor, Gaspar y Baltasar se desplazaron hasta el centro hospitalario para ofrecer regalos y sonrisas a los 22 niños que pasan esta noche mágica en el pabellón San Pelayo, así como muestras de apoyo a sus padres y familiares.
La presencia de Sus Majestades alteró la disciplina hospitalaria por espacio de media hora. Entre las tres y media y las cuatro, los dos pisos de la unidad de Pediatría se llenaron de un halo de ilusión y de fantasía que contagió tanto al personal sanitario como a invitados, residentes y acompañantes. «Es un día muy especial», aseguraba Loreto, adjunta de enfermería, «aunque para nosotros es más trabajo porque afecta al funcionamiento del servicio».
La corta edad de muchos de los niños ingresados permitió, sobre todo, a sus hermanos mayores disfrutar de los regalos que Sus Majestades dejaron en las habitaciones. «Yo ya les conocía, porque les vi el año pasado», aseguraba Leire, una pequeña vallisoletana que se encargó de abrir el paquete que Melchor entregó a su hermano Sergio, ingresado con parálisis cerebral. «A nosotros, el regalo nos ha llegado con antelación», aseguraba, por su parte, la madre de Álvaro, un bebé bilbaíno de 5 meses que ingresó el viernes con un diagnóstico de meningitis bacteriana. «Nos dijeron que podía ser cuestión de horas y, mira, ahora está tan feliz», explicaba satisfecha mientras desenvolvía el paquete.
Durante su recorrido por el hospital bilbaíno, Melchor, Gaspar y Baltasar se encontraron con alguna que otra sorpresa. Basurto es ya un reflejo de la multiculturalidad. Una buena muestra era la cara de asombro de los padres del bebé Xian Can, o la sorpresa del uruguayo Diego, después de que su hijo, Yago Gad, rechazara el muñeco que le entregaron con un categórico: «no me gusta». Y lo dijo alto y claro, a pesar de sus dos añitos.
Los Reyes llegaron a Basurto en taxi y fueron recibidos a la entrada por Nicolás Guerra, director médico del centro. Abandonaron el hospital también en taxi y su presencia quedó recogida en numerosas fotografías.