No sirve de nada seguir apelando a la mala suerte, a que las cosas van a cambiar en cualquier momento. Las cosas siguen más o menos igual, cuando no es por una cosa, por otra. Alguien debería estudiar esos números elementales a los que tanto interés se presta en otros deportes, como por ejemplo el baloncesto. Cuántos goles a favor y en contra, cuántos regalos defensivos, cuántos rebotes nos llevamos en comparación con los que se llevan los equipos rivales, cuántos errores fueron técnicos y cuáles tácticos, en cuántas ocasiones los jugadores se fueron de su par o se vio que pudieron irse, o lo intentaron al menos, cuántas, como escribía recientemente Rojo, se internaron en lugar de optar por lo más fácil y habitualmente menos productivo, centrar desde el exterior, cuántas veces rifaron la pelota o fallaron pases de tres o cuatro metros, le dieron a romper cuando tocaba colocar, o a la inversa, cuántos goles cabe esperar de cada uno de nuestros jugadores, lo que no es difícil de prever, como no lo es el número de canastas o de rebotes que garantiza un jugador de baloncesto...
Las cuentas
Respecto del partido con el Racing del domingo, cuántas veces necesitan nuestros delanteros enfrentarse en un mano a mano con el portero rival para meter un gol, cuántos pases al contrario son tolerables, cómo es posible que nos gane cualquiera haciendo tan poco. Alguien debe sacar esas cuentas, en el sentido más humilde de la palabra, no estadísticas, que es una palabra excesiva, sino sumas y restas con pocos dígitos, sencilla aritmética, pero significativa.
El comentarista no tiene en su mano las respuestas, pero es parte de su cometido formular las preguntas. Tal vez sea oportuno preguntarse ya, en mitad de la temporada y al comenzar el nuevo año, si las contrataciones han dado el rendimiento esperado y si existen posibilidades de nuevas incorporaciones en el mercado de invierno. Habría que preguntarse si hay un sistema de juego definido o se va cambiando de un partido para otro, o dentro de un mismo partido, como en Santander, de una parte para otra. Habría que preguntarse cuántas oportunidades se le deben dar a un jugador o a un esquema de juego, el número sensato de las ocurrencias (una ocurrencia es una idea pintoresca sólo sostenida por el éxito). Cabe preguntarse, ahora que empezamos otra vez con mal pie el nuevo año, si será tan penoso como los anteriores.
Pregunta definitiva
Muchas preguntas a las que deberían dar adecuada respuesta quienes tienen al menos la posibilidad de intentarlo, empezando por los jugadores y siguiendo por toda la cadena de mando, antes de que la afición se plantee la pregunta definitiva, si tiene sentido ver el fútbol cuando se conocen de antemano las probabilidades de que sea para pasar un mal rato.









