
Las 700 invitaciones desaparecieron a los 15 minutos de ser repartidas el 22 de diciembre. Nadie en la capital alavesa ni muchas personas de otras provincias se lo querían perder. Tampoco se recordaban para un acto las colas que se formaron desde el teatro hasta Dato, desde una hora antes, para tratar de entrar, y no extraña que la pequeña bombonera de San Prudencio se quedara pequeña.
El maestro de ceremonias y gerente de la Fundación, Gonzalo Arroita, evocó cómo ya en 2002 la conferencia de Follet fue multitudinaria y todavía no se había producido el flechazo entre la ciudad y el autor galés. Entre el público, escuchaban con atención el diputado general, Xabier Agirre, el obispo de Vitoria, Miguel Azurmendi, y su vicario, Gonzalo Bilbao, el presidente de las Juntas, Juan Antonio Zárate, el presidente de la Vital, Gregorio Rojo, la subdelegada del Gobierno, Gloria Sánchez, el jefe de la Policía Municipal, José Antonio Vicho, el Síndico, Javier Otaola, el abad de la Cofradía de la Virgen Blanca, Ricardo Saéz de Heredia, y una nutrida representación de políticos.
Sobre el escenario, sonó una guitarra -Follet es un consumado instrumentista con banda propia- y se oyeron los elogios hacia el escritor de Arroita, de la presidenta de la Fundación, Lorena López de la Calle, y del consejero delegado de la editorial Mondadori, Riccardo Cavallero, quien puso la guinda al explicar que el libro de Follet fue el sexto más vendido en 2007 en España. «En sólo 3 días», subrayó el empresario, que reconoció estar «impactado» por el recibimiento en Vitoria. «No es normal», repitió.
En el acto, el escritor recibió de Ángel Luis Bellido, presidente del Colegio de Arquitectos, el premio Olaguíbel por su contribución a la divulgación de la arquitectura en la ciudad. Precisamente, Follet centró su discurso en este arte, y especialmente en la construcción de las catedrales, como la gran inspiradora de 'Los pilares de la Tierra' y 'Un mundo sin fin'. El galés no citó directamente a Vitoria como fuente de inspiración, algo que decepcionó a un amplio sector del público, como Adoración Asensi, a la que le hubiera gustado escuchar ese momento en el que Santa María inspira su segunda parte de 'los pilares'.
Afición desde Málaga
La devoción se dejó sentir en el momento culmen de la tarde, la esperada firma de libros. Ejemplar en mano, los asistentes aguardaban expectantes su turno para atesorar su autógrafo y dedicarle palabras de elogio. «Le he dicho que es un placer conocerle y me lo ha agradecido», revelaba Susana Aldea, una de las primeras en acercarse al escritor, del que es lectora entusiasta. Pero para forofas, Inmaculada Rosado y su hija Lidia, que viajaron once horas en tren desde su Málaga natal para asistir a «esta ocasión única». «Es especial, con esa cabeza a lo Einstein...», suspiraba Inma, pensando en anécdotas que contar a su vuelta.
Entre ellas, lo que 'engancha' la historia de 'Un mundo sin fin', como reconocía ayer Conchita. «He leído un tercio y te invita a seguir. He estado varias veces en la catedral, pero ahora la veré con otros ojos». Con otra mirada observará desde ayer al galés Mari Mar Ochoa. «Le he visto muy campechano y natural en la charla, no lo esperaba», piropeaba hojeando la firma. No importaba que fuera un escueto, y en algún caso ilegible, 'Ken Follet'. La elevada afluencia obligaba.
Tanto que medio centenar de personas aguardaba en la calle su oportunidad. Aunque la mayoría no había asistido a la conferencia, confiaban en lograr unos ansiados segundos para vivir una oportunidad única. «Llevo desde las seis. Tenía invitación, pero ha habido problemas al abrir las puertas, la gente ha entrado en avalancha y yo no he podido», se lamentaba Joaqui. Quería cumplir la ilusión de su hija, que vive en Washington. «Me lo ha pedido expresamente», aseguraba esperanzada. Al final, la espera tuvo recompensa y todos accedieron al teatro. Una sonrisa y el agradecimiento de Follet les despidió con buen sabor de boca.





