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Ken Follett se queda en la Burullería
«Esto es fabuloso. Estoy encantado y halagado», exclamó el escritor en la inauguración de su escultura «He disfrutado mucho con él», reconoce el escultor Casto Solano

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Ken Follett se queda en la Burullería
PARA SIEMPRE. Follett mimetiza sonriente para los fotógrafos el gesto reflexivo con el que Casto Solano le ha inmortailizado en la Burullería. / IGOR AIZPURU
«Esto es fabuloso». Un sonriente, «encantado y halagado» Ken Follett no podía ocultar su británico orgullo al descubrir, en la mañana de ayer, su réplica en bronce en la vitoriana plaza de Burullería. Una estatua de 1,80 metros de altura, obra del escultor local Casto Solano, que le une para siempre al Casco Medieval por su contribución a difundir en su obra el nombre de la catedral de Santa María y de la ciudad. Follet miró al escultor a los ojos en un gesto de complicidad y nada más destapar, muy despacio, casi con suspense, la tela que cubría la imagen se fundió con él en un abrazo. De fondo, la música del txistu y el tamboril, sólo interrumpida por un sonoro '¿ooohhh!' procedente de las numerosas personas que se dieron cita en el acto.

La escultura -en la que un Follett pensativo mira el templo que ha inspirado su último 'best seller', 'Un mundo sin fin'- no defraudó, en general, a los presentes. Entre ellos, tres de los cuatro 'culpables' del fenómeno en que se ha convertido el viejo templo vitoriano gracias al programa 'Abierto por obras' y también del 'fichaje' para la causa del escritor galés: Gonzalo Arroita, Juan Ignacio Lasagabaster y Carlos Rodríguez. El cuarto, Agustín Azkarate, no pudo acudir al encontrarse de viaje en Argentina.

De estilo hiperrealista, la obra contiene múltiples detalles para el comentario, como un libro que se esconde en un bolsillo de la americana, un pin lleno de significados, o un pelo blanco que parece esculpido por el viento y que fue una de las cosas difíciles de resolver para el artista. En general, la escultura impresiona por la perfección de la figura y su asombroso parecido con el autor.

Pese a la sencillez que perseguía el acto, la cantidad de cámaras de televisión, fotógrafos y periodistas que buscaban el mejor ángulo, puso de relieve la expectación que ha despertado la visita de Follett a la capital alavesa para hacer la presentación en España de su último libro y para recibir el homenaje de la ciudad por él. La estatua está enganchada al suelo, sin peana, encima de una plataforma de piedra, que es el camino que conduce a la entrada a la Fundación Santa María. La pared medieval de la torre de los Anda y la ropa tendida de uno de los pisos del edificio más antiguo de la ciudad daban el toque costumbrista a la escena.

Lorena López de la Calle, la nueva diputada foral de Cultura, destacó que en la familia del escritor se habían tomado con humor el asunto de la escultura, «que hace de Ken Follett un vitoriano más», y que esperaban que no fuera ecuestre. Casto Solano, el autor de la talla, explicó su buen entendimiento con el escritor en sus diferentes encuentros -«he disfrutado mucho», dijo- y dejó claro que la obra no busca ser «un homenaje a un nombre, sino a un hombre, porque cada uno de nosotros es un mundo dentro del universo». Solano, que dio detalles al escritor sobre aspectos por él desconocidos -como el pin de la solapa, que representaba a dos niños que llevan la luna y el sol, y que acaba con un 'vive y deja vivir'- no ocultaba su satisfacción. «Ken ha sido muy expresivo, y se ha emocionado demostrando sus sentimientos. Le ha gustado. Y ese ¿ooooohhhh! de la gente es mucho mejor que un ¿bah!». Sobre quienes han defendido que muchas otras personalidades merecerían un reconocimiento así antes que Follett, el escultor, irónico, soltó: «es verdad y estoy dispuesto a hacer las que sean».

«Mi única estatua»

El escritor galés, que en sus cuarenta y ocho horas en Vitoria ha demostrado una profesionalidad fuera de toda duda, aguantando verdaderos tumultos a su alrededor de gente que se le quería acercar para pedirle que le firmara su libro, leyó unas palabras en castellano. «Estoy encantado y muy halagado porque es la única estatuta que tengo en el mundo», bromeó. Luego agradeció al alcalde de Vitoria, a la Fundación Catedral Santa María y a todos los ciudadanos «por este gran honor».

Cerró los discursos Patxi Lazcoz. El regidor vitoriano agradeció a la fundación por haber convertido una normal y vieja catedral en «todo un referente mundial de la rehabilitación del patrimonio histórico», y al escritor, «por haberse dejado atrapar y seducir por el encanto del templo». «En Vitoria se encuentra como en casa», agregó.

Para Lazcoz, la talla de bronce es algo más que una escultura. «Significa toda la ilusión y el esfuerzo que los vitorianos han volcado en este proyecto». En su opinión, esta obra «recordará que lo que en un principio parecía imposible, esto es, reconstruir esta eterna enferma, se ha convertido en un motor cultural, económico y turístico que suscita todo el apoyo de la sociedad». Tras mostrar su confianza en que la estatua sea un estímulo hacia la lectura para los jóvenes, aseguró que la efigie simboliza «la vocación cosmopolita, global y de concordia del Casco Medieval de Vitoria. 'Welcome home'», concluyó.

Ken Follett destapó también una placa en la pared en la que se recoge una de sus frases sobre Santa María -'Las restauraciones de catedrales de Europa deben seguir el ejemplo de Vitoria. En ningún lugar del mundo se ve algo así'- y su agradecimiento a la Fundación, 'de la que recibí ayuda e inspiración'.

Nada más acabar el acto, el autor de 'Los pilares de la tierra', gentil, amable, sin perder la sonrisa, quedó a merced de los fotógrafos que le pedían que repitiera el gesto reflexivo de la escultura. Ni un detalle de cansancio cuando la multitud le rodeó para pedirle autógrafos o hacerse fotos con él.

Hubo hasta quien le regaló libros, como el escritor local José Luis Sáenz de Ugarte. Le entregó una historia de la torre de Santa María y otro trabajo sobre las andanzas de Pío Baroja en Vitoria.

Los asistentes acabaron rendidos ante el imán del personaje y la espectacularidad de la propia estatua. «Es preciosa», resumía José Ignacio Herce, 'Peapa', que no se pierde acontecimientos así. «Me gusta. Casto ha hecho una obra muy interesante, en su línea, de esas que te apetece tocar», agregaba la artista Verónica Werckmeister.
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