
El Colectivo contra la Tortura (TAT, en euskera) hizo pública ayer la declaración prestada el jueves por el detenido, cuando todavía estaba ingresado en el hospital Donostia, ante el instructor que investiga los supuestos malos tratos que sufrió. Según su versión, el arresto se produjo el domingo a las once de la mañana en Mondragón -y no a la una como sostiene la versión oficial-, junto a una escuela y unas viviendas de la zona de Udala y no en un control de carretera. Según explicó, se le acercaron «tres o cuatro 'Patrol'» y varios agentes le pidieron el DNI y que fuera al otro lado de la carretera. De allí lo metieron en un todoterreno con cuatro guardias civiles, que «en menos de 50 minutos» empezaron a darle «puñetazos y tortazos; en especial, el que iba de copiloto», añadió.
Los golpes comenzaron -señaló- mientras estaban en marcha en el coche, en el que fue trasladado hasta un río, situado a uno o dos kilómetros del lugar del arresto, donde se encontraba el otro detenido, Mattin Sarasola. Tras llevarlos a puntos diferentes del mismo paraje, Portu escuchó un disparo, según su testimonio. Después, junto al río y esposado con las manos en la espalda, recibió «golpes duros» en el vientre, las costillas y la cabeza. Los agentes le pusieron de rodillas, le siguieron golpeando y le metieron la cabeza en el río «hasta que casi no podía más», apunta su testimonio.
El presunto etarra denuncia «dos o tres sesiones parecidas», en una de las cuales fue cogido por las piernas y metido por tres agentes en el agua. Posteriormente, y con «humillaciones e insultos», fue llevado de nuevo al 'Patrol' a rastras y recibiendo «golpes muy fuertes en las costillas y en el pecho». De aquí, y con una capucha en la cabeza, fue llevado a un cuartel con «cachetes y golpes en la cabeza».
Un testigo de la detención declaró el jueves en el juzgado que la operación fue «limpia» y que los arrestados no opusieron resistencia. Según su versión, estaba el domingo por la mañana sentado en un banco frente a la ikastola de Mondragón, junto a su perro, cuando vio bajar del monte a dos personas. En ese momento aparecieron cinco coches de la Guardia Civil y los agentes pidieron la documentación tanto a los montañeros como a él mismo. En el registro del coche de los primeros, localizaron un paquete envuelto en celofán y, al ver su contenido, les esposaron y los metieron en los todoterrenos. A él le devolvieron el carné y le dijeron que se fuera.
El auto dictado ayer por el juez Fernando Grande-Marlaska recoge, sin embargo, las «discrepancias» que Sarasola y Portu mantienen sobre las supuestas torturas de la Guardia Civil. Portu sostiene que, llevado a un paraje junto a un río, escuchó un disparo que entendió como «una simulación de la ejecución» de Sarasola. El otro detenido, sin embargo, dijo al juez que «le colocaron una pistola en la sien, pero no le dispararon»






