
MUESTRA DE MODELISMO
68 figuras, 38 maquetas, 22 diaporamas y 24 barcos elaborados por 30 miniaturistas -24 alaveses y 6 de otras provincias- conforman esta exposición que quiere dar a conocer la labor callada, de muchos años, de estos grandes aficionados a mirar el mundo y recrearlo, a repetir la historia tal como fue, pero modelada, desdramatizada, empequeñecida y humanizada. «Hemos preferido una exhibición con pocos elementos para que la gente no se canse de ver y goce con cada detalle. Si traes 10.000 figuras llega un momento en el que ya no puedes disfrutar porque te saturas. Esto es lo que podrías ver en el salón de tu casa», expresa Emilio Larreina, presidente del colectivo y uno de los mejores creadores de dioramas relacionados con la Guerra de la Independencia. No perderse la revista de tropa de sus generales. Hay sorpresa.
Planos auténticos
Pero es lo que no se ve, el trabajo, la ilusión, el porqué de cada uno de estos tipos curiosos para elegir el tema lo más interesante. Florencio Beltrán de Heredia, por ejemplo, se nutre de planos auténticos del Museo Naval para construir sus embarcaciones, de los que puede dar una lección histórica. «El Santa Ana era el navío del alavés Ignacio María de Álava y luchó en Trafalgar. Fue apresado por los ingleses y se escapó. Tiene una historia formidable». A Antonio Gallego, chipionero de 86 años, le siguen fascinando como a un niño que descubre el mar los nombres de cada embarcación. «Esto es un falucho de cabotaje, esto una escampavía, aquí una goleta, una jábega y una patera con sus inmigrantes dentro». Manuel de la Hoz lleva 17 años haciendo el galeón San Felipe. «Construir un barco puede durar 4.000 horas», dice.
Juan Ramón Valdivielso reivindica los modelos hechos de papel con recortables. «Desarrollan nuestra capacidad espacial y geométrica». En la exposición sobresalen dioramas históricos como la exploración de Manuel Iradier en Guinea con su barco o la muerte del general Gordon en Jartum. Por no hablar de los aviones republicanos y nacionales que sobrevolaron o atacaron Vitoria en 1936. Cada figura, cada maqueta, cada diorama evoca un mundo, que el maquetista ya ha descubierto.





