Los excitados espectadores latigaban con sus melenas y no pocos se atrevían con exhibiciones de 'air guitar' (ya saben, el simular que se tocan guitarras imaginarias) mientras se sucedían los hitos más pesados (por heavy, ¿eh?), con numerosos guiños a AC/DC (la intro tipo 'Thunderstruck' (90) en la pieza 'Barón Rojo' (81); ¿quién copió a quién?), hallazgos personales (el proto-speed metal hispánico de 'Larga vida al rock and roll'; el redondo 'Incomunicación', deslucido con el peor solo de armónica del mundo), pizcas de demagogia ('Vampiros y banqueros'), himnos ('Hermanos del rock', en plan Manowar), símbolos identitarios ('Concierto para ellos'), 'hits' por cualquiera reconocibles ('Con botas sucias', 'Resistiré' en los bises) y versiones ajenas (AC/DC, Purple, Stones), todo ejecutado ante un abigarrado aparato escénico de ínfulas estelares.









