
EL EDIFICIO
El bloque tiene una superficie de 11.400 metros cuadrados, distribuidos en seis alturas, bajos comerciales y dos sótanos. En la actualidad permanece prácticamente desocupado y la intención de su comprador es realizar una profunda reforma para arrendar después los módulos resultantes a empresas que quieran implantar sus oficinas en esta privilegiada zona de Bilbao.
La propiedad recién adquirida está integrada en el edificio conocido como Aurora Polar, por ser la sede de esta compañía de seguros -ahora llamada Axa-. Construido en 1934 por el arquitecto racionalista Manuel Galíndez, el bloque está dividido en dos portales: Ercilla 24 y Plaza Moyua 4. Este último inmueble, de 13.800 metros cuadrados, pertenece también, desde hace diez años, a la propia Rigel 2005, según consta en las escrituras depositadas en el Registro de la Propiedad.
Por ello, la promotora bilbaína es ahora la propietaria de la práctica totalidad de esta importante manzana de la capital vizcaína, con 25.000 metros cuadrados destinados al alquiler. La firma de inversores es titular, además, de otros dos inmuebles en la Gran Vía. Uno de ellos es el Palacio Sota, que también alberga un buen número de oficinas arrendadas.
Además de ser una operación inmobiliaria de primer orden, la compra del edificio Aurora Polar es un fiel reflejo de cómo ha evolucionado en la última década este mercado en Bilbao. En 1998, Rigel pagó 17 millones de euros por la mitad del bloque que da a la Plaza Moyua. Ahora, exactamente diez años después, la compra de la parte de Ercilla le ha supuesto un desembolso cercano a los 30 millones, casi el doble. Cabe destacar que ambos inmuebles comparten ubicación y poseen una superficie parecida.
El camino que ha llevado a la adquisición del inmueble de Ercilla 24 no ha estado exento de dificultades. Según algunas fuentes, El Corte Inglés se metió de por medio y estuvo interesado en la operación, lo que le hubiera dado vía libre a una eventual ampliación del establecimiento que posee en los bajos comerciales. Sin embargo, la dirección de la empresa de los grandes almacenes descartó finalmente esta posibilidad.
Además, el vendedor, la compañía Axa, tuvo que resolver el problema existente con los inquilinos del bloque. Durante décadas, este inmueble tuvo la misma función que le quiere dar el nuevo propietario: alquiler de oficinas. Hasta hace un año y medio, tenían allí su sede un buen número de sociedades -algunas importantes, como Ferrovial-Agroman-, profesionales liberales e, incluso, la asociación Hospitalidad Nuestra Señora de Lourdes, que se encarga de organizar viajes al santuario francés.
La mayoría de los arrendatarios pagaban unos 30 euros por metro cuadrado al mes y renovaban sus alquileres anualmente. A finales de 2006, Axa decidió no prorrogar estos contratos por lo que el inmueble fue quedando, poco a poco, desocupado. Sin embargo, entre seis y ocho firmas no abandonaron su ubicación, ya que cuentan todavía ahora con contratos de renta antigua. «Abonan una tercera parte del precio normal», aseguró a este diario una persona que conoce muy bien la realidad del edificio.
En el mejor de los casos, su desalojo hubiera requerido un largo proceso legal y, seguramente, el pago de indemnizaciones millonarias. Por ello, la solución adoptada ha consistido en vender el inmueble con su actual ocupación y reagrupar a esta media docena de inquilinos en la quinta planta.
Reforma integral
Por el momento, el comprador trabaja en la redacción de un ambicioso plan de reforma interior para dotar al inmueble de un aspecto totalmente renovado. «Todas las plantas están muy estropeadas, hace muchos años que no se hace una remodelación y, sobre todo, siempre ha habido muchos problemas con las telecomunicaciones», asegura uno de sus ex inquilinos.
Refugio durante la Guerra Civil y sede de empresas con solera en la villa, el inmueble de Ercilla 24 está cargado de historia y anécdotas variopintas. Como en 2002, por ejemplo, cuando un juez embargó temporalmente varias cuentas de Axa y parte de esta propiedad por valor de 1,84 millones de euros para que la aseguradora hiciera frente al pago de una indemnización a uno de sus clientes.
j.garcia@diario-elcorreo.com









