-Cuando aceptó la oferta de Gamesa, ¿fue porque ya estaba un poco cansado de recorrer el mundo y quería volver al punto de origen?
-No, en absoluto. Aún me sobran fuerzas para viajar lo que sea necesario. Es cierto que la propuesta tenía el atractivo de que fuese en el País Vasco, pero lo cierto es que lo que más me sedujo fue el proyecto.
-¿La empresa, la energía eólica... qué exactamente?
-La idea de dirigir una empresa que había sido un caso de éxito, con una trayectoria muy importante, para reconducirla desde un ámbito muy local al internacional. Mi misión era la de convertir Gamesa en una multinacional y en un líder mundial del sector. La suma de las dos cosas me permitía, efectivamente, volver a casa y con un desafío profesional muy atractivo. La combinación perfecta.
-Gamesa es ya una de las principales compañías del País Vasco. ¿Qué porcentaje de sus compras se realiza a otras empresas de la comunidad autónoma?
-Las compras de Gamesa en Euskadi ascienden a unos 240 millones de euros al año. Eso supone, aproximadamente, el 16% del importe total de nuestras compras. La cuota alcanza el 25% si consideramos sólo las compras que realizamos en Europa.
-¿Hay algún peligro de que, como ha sucedido con otras firmas, el centro de decisión de Gamesa se traslade fuera de el País Vasco?
-Ese tema no está sobre nuestra mesa.






