Consuelo y sus hermanas paseaban a media mañana de ayer por Txurdinaga. Forma parte de su rutina diaria. LLevan con ellas a su madre, postrada en una silla de ruedas e ingresada en una residencia para mayores cercana a la calle Julián Gaiarre. En esta ocasión les acompañaban también otro de sus hermanos y dos cuñados, que charlaban animadamente ajenos al susto que se iban a llevar. «Fue visto y no visto, como en una película. De repente, caían cascotes que les daban a mis dos hermanas. Yo sólo me preocupé de proteger a nuestra madre para que no le ocurriera nada», relataba Consuelo ya en su domicilio tras ser dada de alta en el hospital de Basurto al sufrir un ataque de ansiedad.
Aunque la cosa quedó ahí, por la tarde las mujeres aún no se habían recuperado del impacto. Y no sólo del físico. «Si llega a caer esa placa no sé que hubiera pasado... La verdad es que nos sentimos como si hubiéramos vuelto a nacer hoy», relataba esta vecina de Bilbao, a la que el sobresalto no le hizo, sin embargo, perder el sentido del humor y apuntaba con sorna que a partir de ahora tendrán que cambiar el itinerario. «Pasearemos por la otra acera de la calle. Estamos considerando que será más seguro, porque al menos ésa no tiene tantos edificios y el riesgo será menor».