
EL PERSONAJE
EL PERSONAJE
«Fue importante para mí», reconoce el protagonista. «Era una experiencia nueva porque aunque ya había salido en televisiones locales, se trataba de la primera vez que actuaba en una cadena nacional y para un acontecimiento que veía un montón de gente. Además, se hizo en el Principal, un teatro pequeño y acogedor del que estoy enamorado».
Asier se lamenta de que los nervios de los asistentes, más preocupados por el ogro deportivo que les depararía el azar, y el exceso de butacas vacías enfriaron la atmósfera. A ello se unía su acotada intervención, tres números de ilusionismo que apenas superaban los dos minutos en escena. «El ambiente era el de un plató de televisión y casi no me dio tiempo de entrar en calor con la gente». Pero, al margen de esas contrariedades, el vitoriano sabe que la gala del Principal puede obrar como espaldarazo para alquien que, con veinte años, decidió «vivir de la magia».
Empezó cuando otros niños chapotean entre charcos en pos de un balón. No había hecho la primera comunión cuando ya practicaba trucos 'tipo Borrás'. Ya a los catorce se apuntó a un curso municipal impartido en los centros cívicos por uno de los ilusionistas que, junto al célebre Ladis, más le ha influido. Se trata de José Ángel Suárez, el actual presidente de la AIA. «Entonces me lo empecé a tomar más en serio. Pasé de jugar a ensayar todos los días. Y de subirme regularmente a escenarios hasta los veinte años en fiestas de los pueblos, bares y colegios».
Adiós a la Psicología
Asier cursó un módulo de expresión corporal y teatro y se decantó también por la carrera de Psicología. Pero echó la vista adelante y no le convenció eso de cuatro o cinco cursos en las aulas para otener después un empleo. «Entonces me lancé a la piscina. Me fui a Madrid para intentar dedicarme a esto». Trabajo no le falta. Actúa por todo el País Vasco y Cantabria, pero quiere ampliar su espectro geográfico, deseo al que le ayudará seguramente su intervención en el sorteo del lunes. Y su agenda para mayo amenaza con explotar por 'culpa' de las comuniones.
Como todos los magos, el vitoriano comenzó por la cercanía, los trucos con monedas y cartas que le siguen encantando. Pero prefiere la de escenario. «Es la más teatral y con la que más disfruto. Se incluyen la música, la palabra y un vestuario especial». Asier aprovechó la repercusión del sorteo para sacar una pelota de baloncesto de un maletín, explotar un globo para mostrar una botella de cava y enlazar los aros que distinguen a este deporte.
¿Y a partir de ahora, qué, Asier? «Yo soy feliz con lo que hago. Aspiro a poder viajar más con la magia, no quedarme sólo en Vitoria y los alrededores. Y me gustaría actuar en cruceros». Le han hablado muy bien de esos escenarios flotantes y los tiene en la cabeza, quizá para compensar su experiencia veraniega en un hotel de Benidorm. «Aquello era surrealista. Ingleses hasta arriba de sangría que le montaban broncas al director porque la actuación no les dejaba seguir el partido de fútbol de la selección».
El mago alavés asegura que la diferencia entre ilusionistas aficionados y profesionales viene establecida por «el ritmo» y sonríe cuando se le recuerda que un semidesconocido Álex Ubago le precedió hace ocho años en las mismas tablas del Principal para entretener a los asistentes de aquel sorteo deportivo. Desde entonces, el cantante vasco se ha inflado a vender discos. «La magia no tiene, ni de lejos, el tirón de la música».





