Para consuelo de todos en general, el hecho de que el País Vasco presuma de ser la comunidad que ofrece a sus parados mayores probabilidades de encontrar un empleo; en contra de ellas en particular, la sospecha de que su confirmada superioridad académica no se refleje en futuros empleos.
El porqué de esta injusticia se suma a otras preguntas sin respuesta, como la referente al olor de las nubes; más sí sabemos, en cambio, a qué huele un socialista, desde que esta semana presentaran su perfume oficial.
Sospechamos también, tras un rápido repaso a nuestras facturas, que este 2008, debe de saber a angula.
Tal es la situación que el ayuntamiento se plantea anclar los contenedores de basura al suelo porque a la mínima ráfaga se van con viento fresco, tan vacíos como andarán; se ve que todo se aprovecha y de nada sale un caldo, y que con tanto redondeo pierde uno la capacidad de cuadrar cuentas.
Volvemos a constatar, asimismo, que entre muchos inmigrantes no sólo hay tacto, sino mucho contacto; en concreto, el de diez personas para un solo pabellón.
Y se sigue sin concretar, eso sí, a qué suena España; hubo bombo y platillo, pero parece que faltó la intención de cantar «todos juntos con distinta voz y un solo corazón».
No andaba desencaminado quien afirmó que, de todos los sentidos, el común sigue siendo el menos común.





