
EL PERSONAJE
-La Policía detuvo el pasado fin de semana en Vitoria, en sólo 48 horas, a seis hombres acusados de maltratar a sus parejas. ¿Sorprendido o en cierto modo habituado?
-No hay que hacer hincapié en el dato numérico puntual. Lo ocurrido ese fin de semana fue llamativo, pero no significativo. Para analizarlo con perspectiva hay que tener en cuenta la media.
-La perspectiva de 2007 dice que se tramitaron más de 600 casos, se dictaron 90 órdenes de protección y una mujer murió acuchillada por su marido. El balance parece inquietante.
-El fenómeno de la violencia machista es preocupante por sí. Y no va a desaparecer. Se trata de amortiguarlo al máximo y eso depende de muchos factores. Que aumenten las denuncias no indica que haya más violencia, sino que se denuncia más. Y eso es positivo.
-¿La afluencia de casos es, entonces, un indicio de que la Justicia es eficaz en ese campo, y no una prueba de que el machismo sigue instalado en la educación?
-El machismo sigue instalado en la educación. Pero nuestra responsabilidad es otra: proporcionar una respuesta rápida y que la víctima se sienta amparada
-¿La incorporación de la mujer al trabajo y toda la revolución social que ha conllevado alimenta otro perfil de agresor, el resentido?
-Eso es muy complejo. Bien es cierto que, en efecto, existe el perfil de agresor de veinte años. La violencia de género hoy afecta a todos los tramos de edad. Y a todos los status, aunque en las clases más altas está más oculto. Pero estamos viendo otros fenómenos.
-¿Cómo cuáles?
-El número de personas que cometen este tipo de delito entre la población inmigrante es porcentualmente más elevado que en los nacionales. Ronda el 30%. Eso puede poner de manifiesto que sus pautas culturales son otras.
-¿Las instituciones y la Administración de Justicia han habilitado todas las medidas posibles para proteger a las víctimas?
-A día de hoy estamos en más del 90%. No hay ningún vacío importante.
-Hay otro tipo de violencia que también ha hecho saltar las alarmas. El polígono de Gojain va a instalar cámaras de seguridad para tratar de frenar la oleada de robos que sufren a manos de bandas organizadas. ¿Sabe si están instaladas en la provincia?
-La delincuencia organizada se caracteriza por su movilidad. Vienen, dan un golpe en Júndiz, y el siguiente lo dan en Ávila. Funcionan en redes coordinadas. Cuando estaba en Lugo hubo un gran robo en un estanco y a las 24 horas el tabaco se estaba vendiendo en la Puerta del Sol.
-Parece complicado de atajar.
-Mucho. Son gente profesional, con gran movilidad geográfica y con muy buena información, que ignoramos cómo la consiguen.
-Otra cuestión candente. El móvil se ha convertido en un arma vejatoria e internet, en su mejor aliado ante la indiferencia de las instituciones.
-Ese tipo de comportamientos -pegar al tonto del pueblo- ha existido toda la vida. La diferencia es que hoy se pueden grabar y difundir. Es decir, se amplía el eco del delito, pero también es más fácil perseguirlo. Lo que no es admisible es que esas imágenes estén tanto tiempo en la red. La responsabilidad es de los titulares de esas web. Hay que extremar el celo para evitarlo.
-En Vitoria, varios jóvenes fueron detenidos por grabar a un discapacitado menor de edad. ¿En que situación se encuentra el caso?
-La investigación sigue abierta. Jurídicamente no le encontramos encaje al hecho de grabar, pero el de colgarlo en una web sí podría dar lugar a responsabilidad penal.
Maquinaria ágil
-El trabajo se multiplica para la Justicia. ¿A qué velocidad trabaja la alavesa?
-Sus ratios de respuesta son muy buenos, superiores a la media.
-Y, de forma simultánea, crece la sensación de inquietud entre los ciudadanos. ¿Vitoria ha dejado de ser el paradigma de ciudad segura?
-No. Vitoria sigue siendo una ciudad muy segura.
-¿Cruzaría la ciudad despreocupadamente a pie un lunes a las once de la noche?
-Sí. No conozco ninguna zona por la que no lo haría.
-Lleva quince meses en Vitoria. Cuando ni siquiera había cumplido un año se atrevió con el entonces concejal de Urbanismo de la ciudad, Jorge Ibarrondo. Le denunció por un presunto delito de prevaricación urbanística, junto a su 'número 2', Antón Sáenz de Santamaría.
-Nosotros no elegimos lo que llega a la Fiscalía. Viene un ciudadano, nos presenta una denuncia, la estudiamos y si entendemos que hay indicios de delito, los trasladamos a la autoridad judicial. Me tocó esa y actuamos en consecuencia. Punto. Yo no hago distinciones ni sobre el sujeto pasivo si sobre el activo.
-Entonces, ¿lo vio claro?
-Sí, dentro de lo que es un inicio de investigación. Cuando acabe la judicial, veremos si se confirma lo que vimos o no.
-Los dirigentes populares afirmaron públicamente que dudaban de su independencia y que no era de fiar. ¿Le dolió?
-No. No hago caso de las críticas que vienen de los políticos. Tampoco de las alabanzas.
-Poco antes, cuando estaba destinado en Galicia, denunció al ex presidente de la Diputación de Lugo y ex senador del PP, Francisco Cacharro, por un presunto delito de malversación de caudales públicos y falsedad documental. El Tribunal Supremo la acabó archivando.
-Está recurrida por el fiscal del Supremo y no me consta que se haya resuelto la apelación.
-¿Le gusta meterse en líos?
-No. Es mi trabajo. No soy carnicero, soy fiscal.
-¿Intuye que al final el 'caso Ibarrondo' se reducirá a una mera medición topográfica?
-Si existen 2.000 metros, se acabó el problema. Si no, se tomarán en cuenta el resto de las circunstancias del caso.
-Es palpable el descrédito creciente de la sociedad ante la Justicia por su progresiva politización. ¿Lo siente en su piel?
-La Justicia de a pie tiene cada día más prestigio. La prueba es que la gente acude cada vez más a los tribunales. Luego están las altas instancias... Yo coincido con los ciudadanos en que el espectáculo que se da desde el Constitucional y desde el Consejo del Poder Judicial es penoso.





