
SU HISTORIA
SU HISTORIA
Cuando echa la vista atrás hasta ella misma se sorprende, pues apenas había alcanzado la mayoría de edad y emprendió ya su periplo viajero en busca de retos profesionales ambiciosos. «Creo que no era consciente de lo que me podía pasar ni de lo que me podía encontrar, y tal vez si se repitieran ahora las circunstancia igual no lo haría», confiesa. «Es que ahí tenía un puesto de trabajo como secretaria, y un novio desde hacía cinco años, pero me fui por completo a la aventura, porque es verdad que era muy echada para adelante, quizás por la inocencia de le edad».
Nada más concluir en Bilbao los estudios de azafata de congresos y relaciones públicas le surgieron «hasta cinco posibilidades de trabajo», recuerda. «Me propusieron irme para Valencia, luego con el 'boom' de la Costa del Sol me fui para allí. Fue en esa época cuando conocí a gente sevillana, me invitaron a su ciudad, me encantó y me dije: 'Pues aquí me voy a quedar'». Era 1989 y se gestaba todo lo relativo a la 'Expo 92'. «Hablaba inglés, porque también estuve un año en Inglaterra, envié el 'curriculum' y me cogieron para trabajar de azafata en una oficina», explica. Sin embargo pronto se cansó de su jefe y en 1990, junto a dos compañeras francesas, se propuso crear su propia agencia de azafatas, traductores e intérpretes. Así surgió Alfa Service Spain, que durante 14 años fue «la número uno en Sevilla y estuvo presente en congresos, convenciones y los eventos más importantes que hubo en la ciudad», indica, orgullosa de lo conseguido. «Había más de 200 personas en plantilla, llegamos a tener más de 700 nóminas, una barbaridad, e incluso hasta montamos una 'ETT' propia».
La dimensión que alcanzó la empresa terminó por llevar a Marta a dejarla, muy a su pesar. «Era mucho 'stress', porque llegó un momento en el que me sabía todos los problemas de las chicas y estaba pendiente de la que tenía examen por la mañana o de la que no podía trabajar porque le habían operado a su abuela», evoca. Ello absorbía todo su tiempo y fue a raíz de tener a sus dos hijos cuando decidió dar un nuevo giro a su vida, porque «no podía con todo».
Un nuevo reto
Hace tres años vendió la agencia a las azafatas coordinadoras que trabajaban con ella, ya que «era una pena cerrar algo que funcionaba tan bien», y se asoció con su marido, Paco, un sevillano de pura cepa, en un sector muy distinto. «Lo conocí hace siete años y él había trabajado en temas relacionados con el mueble, pero nunca había tenido una tienda, así que se juntaron el hambre con las ganas de comer, ja, ja», dice, satisfecha de cómo les va con la apuesta ya consolidada
«Se llama 'Creazione' y es otro concepto en decoración, porque todo lo que yo hago tiene que ser diferente», reconoce. «Son muebles y artículos de decoración modernos, cosas muy exclusivas, bonitas, originales, que no tienen nada que ver con lo que hay en Sevilla». Ya son tres las tiendas que tienen distribuidas por la ciudad y en breve abrirán una cuarta, de 1.200 metros cuadrados. «Es otro concepto y la gente de aquí alucina», subraya. Entre sus clientes se encuentran promotores de la construcción y también -apunta- futbolistas del Betis y del Sevilla, como Dani Alves, José Mari, Mark González o el ahora rojiblanco Aitor Ocio, a quien incluso le vendió su ático.
«Es completamente diferente a lo que hacía, pero también me gusta. Antes ofrecía un servicio muy difícil y en una plaza tan complicada como Sevilla. Conozco mucha gente de otras zonas que se han tenido que ir porque no han sido aceptados, ya que la sociedad sevillana es muy cerrada, aunque no lo parezca, y aquí sólo entra quien quiera el sevillano que entre».
Con la perspectiva del tiempo transcurrido asegura sentirse «contenta con mi vida y con mis vivencias», aunque no olvida que al principio resultó «muy duro», no terminaba de adaptarse y le dieron «ganas de volver». Aún hoy en día, afirma, «echo mucho de menos cosas de Eibar, sobre todo a la gente la extraño muchísimo». «De hecho -recalca- mis mejores amigas siguen siendo las de la infancia, con las que mantengo la amistad de siempre».
Las ocupaciones hacen que no haya podido pisar Eibar desde hace un año y, de repente, le asalta la nostalgia. «Me gusta mucho ir y me siento muy bien cuando paseo por ahí y voy saludando a gente que igual hacía mucho tiempo que no había visto. Fíjate que ahora que hablo contigo me doy cuenta de que tengo añoranza y hasta me voy a poner sentimental, porque no estamos en Eibar, pero lo llevamos muy dentro».





