
34 chavales con más de 16 años y buen comportamiento, que están «en un proceso previo a la emancipación», viven en unidades «semiautónomas» con la «supervisión externa» de educadores, explica el diputado de Acción Social, Juan María Aburto. Les ayudan a organizar la compra semanal y otras tareas, pero no están continuamente en la vivienda. Un profesional suele encargarse de dos pisos, con unas seis plazas cada uno. Hay tres unidades de este tipo en Bilbao y otra en Basauri, además de la Casa del Mar de Santurtzi.
Aburto asegura que la experiencia de estos primeros meses «está funcionando muy bien», aunque algunos profesionales critican la escasa presencia de educadores tratándose de menores. Es una fórmula similar a la que se utiliza, con distintos grados de intensidad, en las viviendas de los mayores de 18 años. Por lo general, el ratio en los centros de menores inmigrantes es de cinco educadores, dos cuidadores nocturnos y un ama de casa, y en los hogares donde viven niños y adolescentes vizcaínos, de siete educadores y dos amas de casa.
Ambos colectivos, sin embargo, ya no están totalmente separados. 24 inmigrantes, que por su edad son más niños que jóvenes, conviven en la red de hogares funcionales con el resto de los menores de los que se ha hecho cargo la Diputación. Otro chaval ha sido acogido por una familia.
Son nuevas formas de dar respuesta a una necesidad que se ha instalado en Vizcaya. Sólo entre septiembre y octubre han llegado más de un centenar de menores extranjeros, y la realidad es que no hay programas educativos para todos. En el centro de Artxanda, donde viven 65 personas, sólo se ofrece alojamiento y comida, y en Arcentales también se presta la atención más básica. Son válvulas de escape para evitar la saturación de otros recursos donde se desarrollan proyectos de integración y que están al límite de su capacidad.









