
Son las 23.46 horas del pasado viernes. Al bajar la calle desde el 'fosterito' del metro en Elkano, apenas se ve movimiento en los primeros cien metros. Llegando al cruce de Juan de Garay con La Felicidad el ambiente va 'in crescendo', hasta el punto de que se oye un gran estruendo. Dos hombres rodeados de varias personas comienzan a discutir mientras se empujan y se gritan. Nadie les entiende; hablan en un idioma que parece de algún país del Este. Uno de los individuos cae al suelo tras el 'encontronazo'. Se levanta y deben agarrarlo sus compañeros para que la cosa no pase a mayores.
«¡Quería matarme! ¡Matarme!». Los gritos se escuchan en las puertas de un bar, donde la tensión se puede cortar. Ya dentro del local, la calma es la nota predominante y la música hace olvidar las malas experiencias callejeras. «Es el pan nuestro de cada día. A cierta gente no la dejamos entrar, porque ya la ha armado alguna vez y no queremos más líos», relata el responsable de la seguridad del pub mientras vigila los alrededores. De hecho, cuarenta jóvenes con antecedentes tienen prohibido acceder a tres recintos de Juan de Garay.
Dicen los sufridos residentes en la zona que desde la irrupción de los incontrolados grupos de violentos han visto «de todo». Antonio Ruiz llegaba un día del tajo a medianoche cuando fue testigo de un apuñalamiento delante de su portal. «Por suerte, acabó en un susto», dice aliviado. «Es un problema de educación, de formación de los chicos. Nos sentimos inseguros, pero entendemos que poco o nada se puede hacer. Si no es aquí, harán de las suyas en cualquier otro sitio», lamenta. Mireia García no lo ve así. Cree necesario un policía en cada rincón «para proteger a los transeúntes».
«Mucho por mejorar»
Lo cierto es que la Policía Municipal ha incrementado en las últimas semanas su presencia en este hervidero de jóvenes, con agentes de uniforme y de paisano. La concejal de Seguridad Ciudadana, Olga Santamaría, está convencida de que «aún queda mucho por mejorar». No obstante, se congratula del descenso de la conflictividad experimentado a lo largo de 2007 en este enclave de ocio nocturno. En 2006 se cometieron 230 delitos y en el último ejercicio se sitúan en torno a 150, según los datos manejados por la edil socialista. «Los altercados han disminuido un 50% en los locales y un 11% en la vía pública», enumera Santamaría. Algo menos -un 6%- baja el número de lesiones producidas en las trifulcas.
Sin embargo, y a pesar de esta merma de la violencia que apuntan los datos manejados por el Ayuntamiento, el final de año fue especialmente duro para los sanitarios que acuden a atender las emergencias. Aseguran que el sábado 28 de noviembre se batió un récord al contabilizar «ocho agresiones en una misma madrugada». Apenas tres semanas después, un joven quedó en coma tras ser golpeado en un pub de Zaballa y unos días más tarde murió. Era una de aquellas personas a quien se le tenía vetada la entrada en varios establecimientos de Juan de Garay.
A los comerciantes de la parte más cercana a la travesía de Juntas Generales, por su parte, no les preocupan tanto los grupos de jóvenes descontrolados. Dicen temer más a los locales próximos a sus casas y no sólo por una obvia cuestión de vecindad. «¡Ya me dirás qué clase de pubs abren sólo los viernes o sábados por la noche!», claman desde el anonimato, por temor a las represalias. Ven «poco bailoteo» en unos establecimientos que, en teoría, son de ambiente latino. «Entra poca gente y enseguida se van...», desvelan.
Prefieren no ir más allá. Según resaltan, «a buen entendedor pocas palabras bastan». Lo que en ningún caso comprenden es la escasa presencia policial visible en esta parte de Juan de Garay, cuando en la parte baja los agentes provistos de perros son la estampa habitual. «Alguna vez sí que han hecho una redada», puntualizan descontentos. De cuatro tiendas consultadas, sólo en una afirman vivir «más o menos tranquilos», aunque tal vez sea por su costumbre de cerrar en cuanto ven cualquier movimiento extraño. A aquellos que apuran su horario con normalidad les queda el consuelo de saber que la comisaría queda muy cerca. «Llegan rápido».












