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Físicos vascos desentrañan el misterio de los vientos más fuertes de Júpiter

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Físicos vascos desentrañan el misterio de los vientos más fuertes de Júpiter
EN LO MÁS ALTO. Santiago Pérez-Hoyos, Ricardo Hueso, José Félix Rojas y Agustín Sánchez Lavega posan junto a un telescopio de prácticas de la UPV. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ
Las casualidades pueden ser claves en la ciencia. A finales de marzo del año pasado, la sonda 'Nuevos Horizontes' de la NASA pasaba cerca de Júpiter camino de Plutón, adonde llegará en julio de 2015. El 'Hubble' apuntó entonces al planeta como apoyo a las observaciones de la nave durante el sobrevuelo. Y el 25 de marzo captó el estallido de dos enormes tormentas en la corriente en chorro, o 'jet', más intensa de Júpiter, cuyos vientos alcanzan los 600 kilómetros por hora. «Fue una afortunada casualidad», dice Agustín Sánchez Lavega, planetólogo de la Universidad del País Vasco (UPV).

Júpiter es el más grande de los mundos del Sistema Solar. Situado a 778 millones de kilómetros del Sol -cinco veces más lejos que la Tierra-, su diámetro ronda los 143.000 kilómetros, frente a los 13.000 de nuestro planeta, y tiene más de 60 lunas. Es una bola de gas con más de una docena de corrientes en chorro en direcciones alternas hacia el Este y el Oeste. Las dos tormentas descubiertas por el 'Hubble' se encontraban en el más rápido de esos 'jets', que viaja de Oeste a Este a 23º de latitud Norte. En la Tierra, una corriente del Oeste, con vientos de unos 250 kilómetros por hora, es la responsable de que el viaje en avión de Nueva York a Madrid dure una hora menos que el de Madrid a Nueva York.

El estudio de las perturbaciones ha permitido al grupo de Sánchez Lavega -formado por los astrofísicos vascos José Félix Rojas, Ricardo Hueso y Santiago Pérez Hoyos y el catalán Enrique García-Melendo- echar una mirada debajo de las nubes de Júpiter y descubrir algunos de sus secretos, y puede ayudar a comprender mejor la meteorología terrestre. Es hoy la portada de 'Nature' -la tercera de Sánchez Lavega y la segunda de Rojas, Hueso y Pérez-Hoyos-, algo extraordinario en la ciencia española: sólo otros cuatro equipos han llegado una vez a la portada de esta revista o de 'Science'.

Tormentas gigantes

Las tormentas jovianas nacieron con una diferencia de diez horas y separadas por 63.000 kilómetros -unas cinco Tierras- en la corriente en chorro. «Gracias al 'Hubble', vimos cómo crecían desde unos 400 kilómetros de diámetro hasta unos 2.000 en menos de 24 horas», recuerda Sánchez Lavega. Los huracanes terrestres más fuertes llega a medir 800 kilómetros y viven, de media, unos diez días. Sus parientes de Júpiter permanecieron activos hasta el 5 de junio, dando vueltas alrededor del planeta a más de 600 kilómetros por hora y generando tras de sí una estela de nubes rojizas que llegó a circundarlo en esa latitud. Aunque sucedió algo similar en 1975 y 1990, nunca se había observado con tanto detalle.

Nada más descubrirse las perturbaciones, el grupo de la UPV solicitó tiempo del telescopio espacial. «Nos lo concedieron, y así conseguimos el equivalente a una foto de muchísima definición de un momento muy concreto», indica Rojas, junto a Sánchez Lavega uno de los dos astrofísicos profesionales del País Vasco. También observaron el fenómeno el Telescopio de Infrarrojos de la NASA en Hawai; el Telescopio Nacional Galileo (italiano), el William Herschel (hispano-británico) y el Carlos Sánchez (español), en Canarias; y los miembros de la Red Internacional de Vigilancia de los Planetas Exteriores, astrónomos aficionados de alto nivel de todo el mundo que coordina el grupo de la UPV. Los aficionados del Hemisferio Sur, donde ahora se ve mejor Júpiter, cubrieron los huecos de observación de las grandes instalaciones.

El origen del chorro

Los científicos vascos y sus colaboradores de la NASA, el Laboratorio de Propulsión a Chorro y las universidades de Arizona, California y Oxford comprobaron, a partir de esos datos, si las gigantescas tormentas habían afectado al 'jet' y hasta dónde se hunde éste en las nubes. «Hemos visto cómo el chorro ha permanecido casi inmutable. Ésa es la clave del asunto. Significa que la corriente se hunde profundamente en Júpiter y eso puede servirnos para saber cuál es su origen, que es uno de los grandes misterios de Júpiter», advierte el responsable del equipo. Lo que sucede en un mundo gaseoso puede ayudar a los científicos a comprender fenómenos que ocurren en nuetro planeta.

«El tiempo en la Tierra está regido básicamente por dos corrientes en chorro que van de Oeste a Este en las latitudes medias y que cambian en el tiempo. Los 'jets' terrestres están impulsados por la radiación solar, pero no se conocen bien los detalles del por qué de sus fluctuaciones. Júpiter es para nosotros un laboratorio natural», indica Sánchez Lavega. Los físicos atmosféricos no saben todavía si las corrientes del planeta gigante se deben a la radiación solar, al calor que emana del interior de Júpiter o a una combinación de ambos fenómenos.Y el trabajo de los científicos vascos apunta a una posible solución al enigma, ya que han podido adentrarse en el interior de Júpiter.

Los modelos informáticos hechos por Hueso sugieren que el 'jet'se extiende 100 kilómetros más abajo de las nubes visibles, 60 kilómetros más allá de donde llega la luz solar, según los modelos numéricos de Pérez-Hoyos. Eso implica que, al menos en parte, la corriente en chorro de Júpiter tiene su motor en la energía interna del planeta.

Los planetólogos tienen ahora que buscar explicación a la extraña periodicidad de las explosiones tormentosas en ese 'jet', de las que se tiene constancia en 1975, 1990 y 2007. No hay ningún ciclo natural de Júpiter que lo explique, porque su día dura unas 10 horas y su año, 11,9 años terrestres. Además, no saben por qué las tormentas aparecen siempre de dos en dos y en la zona de vientos más fuertes. Son algunas de las incógnitas que todavía esconde Júpiter bajo sus nubes.
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