Como si de un deporte se tratase, pongamos el fútbol, las revistas científicas tienen su 'ranking': Primera, Segunda... y Regional. No es tarea sencilla publicar en 'Nature' o 'Science', las dos revistas multidisciplinares -es decir, que abarcan todas las ciencias experimentales- con mas prestigio por su alto impacto científico y social, como demuestra que hayan recibido el premio Príncipe de Asturias. Si se me permite continuar con el símil futbolístico, son algo así como las líderes habituales de la Champions League.
Colarse en 'Nature' o 'Science' requiere de un primer juicio favorable del editor científico especializado, quien ha de ver que el trabajo suponga un avance significativo en la correspondiente área de investigación y que además tenga un alcance amplio, que llegue más allá de los especialistas del tema. Ese es un valor añadido que las hace famosas. Pasado este trámite, que no supera el 95% de los artículos enviados, el texto se somete a los comentarios y los juicios críticos de dos o tres evaluadores anónimos especialistas en el tema. En esta segunda criba, se desecha la mitad de los artículos que ha sobrevivido a la primera, hasta que quedan entre 15 y 20, los que se publican en cada número. Llegar a la portada requiere ser seleccionado entre ese grupo final. Y ahí está nuestro joven equipo de investigación de la Universidad del País Vasco, protagonizando por tercera vez la portada de 'Nature' y con el artículo comentado, además, por un especialista en la materia.
Ha sido un trabajo duro, incluyendo mañanas de agosto cuando la universidad se convierte en un páramo, y ha requerido liderar y coordinar un extenso equipo internacional en el que han participado científicos de la NASA, y las universidades de California, Arizona y Oxford, por citar las más conocidas instituciones, aunque también equipos más modestos -yo diría, muy modesto en presupuesto- como el nuestro. Estamos muy ilusionados y con fuerzas para afrontar nuevos retos. Pero también hay un aspecto más oscuro: todavía hay jóvenes y valiosos científicos del equipo que carecen de un contrato estable que les permita seguir haciendo ciencia de vanguardia y aportando conocimiento y prestigio a nuestra universidad y sociedad. ¿Se imaginan al Athletic jugando la Champions y metiendo goles con los jóvenes jugadores de la cantera, pero cobrando éstos como uno de tercera fila y sin cláusula de rescisión? Así está más de la mitad de mi equipo de investigación.







