«Tenemos por norma rechazar directamente todas las peticiones de ingreso de jóvenes que lleven aquí menos de un año», explica Carlos Díaz, uno de los formadores del centro. Es lo mismo que hacen en otros seminarios. También en el de los jesuitas, donde cualquier petición de ingreso de un joven de otro país que no resida aquí de forma estable es derivada hacia su lugar de origen. Hace años, sin embargo, el centro dependiente de la Congregación del Verbo Divino tenía otra política. Así se explica que dos décadas atrás salieran de sus aulas camino de la vida sacerdotal unas promociones con notable presencia de rumanos. «Obedecía a que acabábamos de instalarnos en aquel país. Luego, cuando nos asentamos, pedíamos a los jóvenes que deseaban ser sacerdotes que se formaran en su tierra», explica un portavoz de la orden.
El seminario de Madrid tiene 8 extranjeros entre sus 128 alumnos, pero estrictamente sólo uno es inmigrante. Los demás han venido a estudiar con una beca y regresarán a sus países en cuanto se ordenen. Otros centros ubicados en zonas donde la presencia de residentes extranjeros es notable no tienen, sin embargo, ninguno entre sus alumnos. El caso más llamativo es el de Sevilla, por ser el sexto centro de España por dimensión y estar situado en la capital de una autonomía con muchos inmigrantes.






