
EL CORREO conversó el viernes por la noche con varias meretrices que habitualmente ejercen su oficio en la capital alavesa, y fue testigo de la contradicción de sentimientos de miedo y resignación que experimentaron al conocer la brutal agresión que recibió una compañera cuatro días antes en Arriaga. Un temor acompañado de la impotencia que sienten ante los insultos de los que a menudo reciben. Precisamente, segundos antes de que los periodistas se acercaran en Betoño a una de estas mujeres, una motocicleta pasó a gran velocidad al grito de «¿guarra, guarra!». Tan sólo un ejemplo.
«Es habitual que se las veje, y han sufrido agresiones muy fuertes, como que les tiren al río o les corten un dedo de un mordisco. Por eso, pedimos a los hombres que dejen de maltratarlas», exige Miguel Ángel Ruiz, presidente de la Comisión Anti-Sida de Álava.
Solas y sin papeles
Desde 1994, la asociación desarrolla un programa de prevención dirigido a estas mujeres para proporcionarles información. «Calculamos que unas 350 ejercen la prostitución en Vitoria. Nunca piden nada, y cuando reciben algo lo agradecen sinceramente. Son personas muy duras, han pasado mucho, pero están solas y sin papeles, y temen ir a la Policía por si les deportan. Por eso, pedimos que no se tenga en cuenta su situación legal y se las atienda como mujeres maltratadas que son», reclamó Ruiz.
Enfundada en unas llamativas mallas naranjas, Miss Love hace señas a los coches que pasan por una rotonda cercana a Abetxuko. Peligrosamente confiada recibe a quien quiera hablar con ella con dos sonoros besos. «Sorry, I don´t speak spanish, only english or french (No hablo español, sólo inglés o francés)», saluda, y se presenta: «Soy de Mali y llegué a España en una 'zodiac' desde Marruecos. Desde diciembre estoy en Vitoria», relata. Dos coches con posibles clientes a bordo y otros dos sonoros besos finalizan repentinamente la conversación: «Nice to meet you (encantada de conocerte)», se despide.
La ruta continúa en la rotonda de América Latina. Allí está Lilian, una joven con una dulce expresión de inocencia. También nació en Mali. Se prostituye desde hace dos años y, según cuenta, la noticia de la paliza que recibió una compañera no le sorprendió. «A todas nos han pegado alguna vez. Un día, un hombre me quiso robar y me agredió», recuerda.
La palabra miedo forma parte de su lenguaje habitual. «Lo tenemos, y mucho. En mi caso, los primeros meses en que comencé a trabajar en esto fueron los peores», admite. La noche terminará para ella a las cuatro de la madrugada. Tanto ella como Miss Love volverán a sus rotondas al día siguiente y no habrá una alfombra roja ni un Oscar aguardándolas.





