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ÁLAVA
«Déjeme aquí, no estoy preparado para volver a casa»
Un joven de 17 años, interno en Landa por maltratar a sus padres y a punto de cumplir su castigo, remite una carta al juez para que le permita prolongar su estancia en el centro

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«Señor juez; soy el menor (...), estoy en el centro de menores de Uribarri-Landa y le escribo lo siguiente. Como usted bien sabrá, el día 28 de febrero acabo la medida judicial que me impusieron: 11 meses de medida, cinco de ellos internado en régimen semiabierto con terapia familiar y otros seis meses de libertad vigilada en internamiento. Sin embargo, no estoy preparado para ir a casa. Aquí me están ayudando mucho, les tengo bastante afecto, son buena gente y me tienen controlado respecto a las drogas. Y esto es todo. Espero una contestación y, por favor, déjeme».

Son las palabras, manuscritas en un folio cuadriculado, de un joven de 17 años interno desde hace casi doce meses en el centro de menores de Uribarri-Landa. Nacido en el seno de una familia acomodada -«hijo de profesionales liberales de clase alta»- este chico tenía todo a su alcance para ser feliz. Pero, lejos de aprovechar, y de agradecer, esa oportunidad que le daba la vida, optó por enrolarse en el peligroso círculo de las drogas y del delito.

Su identidad permanece en el anonimato, pero no así su historia. Con tan sólo 16 años, este chico ingresó en Landa acusado formalmente por el juez de maltratar a su madre. «Sus padres no pudieron con él y no quedó más remedio que internarlo», cuenta Eduardo Cabrera. Según su testimonio, la situación «continúa enquistada» y, a falta de un mes para que el joven cumpla su castigo, su vuelta al hogar familiar no parece ser la mejor solución.

Protegido y controlado

Lo admite el propio delincuente en una carta que ha decidido escribir él mismo al juez de Menores. En Landa, se siente protegido y, lo más importante, controlado. A salvo de las drogas que estaban destruyendo su vida.

Interno en régimen semiabierto, acude todos los días a un instituto de Vitoria, donde cursa tercero de ESO. Por la tarde, practica deporte -fútbol, baloncesto, balonmano o voleibol- con el resto de sus compañeros, participa en terapias de grupo y educadores y psicólogos siguen de cerca sus progresos. «Ha avanzado mucho, pero quizá no sea el mejor momento para que vuelva a casa. En cualquier caso, la decisión la debe tomar el juez y la Diputación de Vizcaya, que es la que tiene su tutela».
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