
Con el baile de San Vito en el cuerpo, no para quieto en el aula hospitalaria de Txagorritxu, donde dibuja y juega con otros compañeros de planta. Su vivacidad le ayuda a trabar buenas migas con Jorge Llamazares y Daniel Sánchez a los que, con su experiencia de toda una semana, explica parlanchín y entre risas los detalles de la clase. Tampoco pierde detalle Izaro Duque, una tímida pequeña de cuatro años que se recupera de una intervención de anginas a golpe de pintura amarilla.
Dibujos, juguetes y mucho colorido convierten a esta clase en idílica, donde durante unas horas no tienen cabida la enfermedad, las agujas ni el miedo al dolor. De ello se encarga con cariño y dedicación la maestra, Ana García de Motiloa, responsable desde hace catorce años de este servicio. «Más allá de la cuestión pedagógica, están sobre todo las relaciones humanas. Nos adaptamos a los estados emocionales de los niños», explica.
Un empeño que ha conseguido con creces. Tanto que los pequeños no temen en absoluto a los médicos. Es más, hasta se plantean serlo en un futuro. Para Jorge sería incluso la solución a su problema. «Desde diciembre tengo fiebre y dolor de cabeza, pero cuando estoy con el médico me encuentro genial», admite. No obstante, el repelús por la sangre le desanima. «Igual mejor soy geólogo», aventura mientras se debate con un crucigrama de adverbios mientras piensa en volver a estudiar en el centro Miguel de Unamuno.
Amigos
Algo más tendrá que esperar Daniel, de 11 años, para reanudar su actividad diaria después de su operación de anginas. Esa misma tarde decidió darse una vuelta por el aula. Con las ideas claras, el viernes disfrutó de la visita virtual por el hospital, gracias a una página web didáctica diseñada por la profesora.
Se pierde una estancia con su clase en Barria, pero ve el lado positivo del asunto. «Así puedo jugar más con la Play», sonríe. Eso sí, tendrá que apurar el estudio para los cuatro exámenes que le aguardan a la vuelta.
En ese momento, caras familiares asoman por la puerta. Padres y enfermeras les reclaman para retomar sus cuidados. Se acerca la despedida y Jorge y Daniel intercambian contactos. Es el principio de una bonita amistad.





