
A escasos metros de su casa, otra residente -que prefiere no desvelar su identidad por motivos de seguridad, precisamente- tampoco se deja llevar por el pánico. «Al contrario -asegura-. Vivimos al lado de Ajuria Enea, así que ésta es una de las calles más vigiladas de Vitoria». En los años que lleva viviendo allí, no ha conocido, de hecho, ningún atraco en la zona. Ni consumado ni frustrado.
En El Batán, otra de las zonas nobles de la ciudad, los ladrones sí se han dejado ver en más de una ocasión. O más bien, sentir. «La alarma nos salvó de un atraco seguro. Accedieron por la ventana, pero en cuanto saltó la sirena, salieron disparados», recuerda N.E., vecina de una de las urbanizaciones que pueblan el barrio.
«Cuando nos trasladamos a vivir aquí -recuerda-, lo primero que hicimos fue instalar la alarma y fue lo mejor que pudimos hacer. Además, tenemos caja fuerte y puerta blindada con doble cerradura». Todo un fortín a prueba de asaltos.
Ruidos «raros»
Tampoco en los nuevos barrios los vecinos están a salvo de sustos. Hace «unos meses», Sonia escuchó «unos ruidos raros, procedentes del garaje» de su chalé, situado en Zabalgana. «Me asusté, pero acto seguido pensé que no merecía la pena. Cerré bien todas las puertas, las ventanas y hasta hoy. Si vives en un chalé, estás más aislada, pero en los pisos también entran a robar, así que no me preocupa», zanja con aplomo.
Como la mayoría de los que residen en una vivienda unifamiliar o en un chalé adosado, para ella, «la alarma es un plus de tranquilidad». Pero no se engaña. «Tampoco es la panacea. Estorban y ahuyentan a los ladrones; pero impedir, no impiden», concluye.





