Minutos después, cayó otro automovilista. Esta vez de un perfil opuesto. Sexagenario, encorbatado y con gafas, el hombre no reconoció que llevara oculto en la carrocería de su 'Audi 6' un antirradar, aunque los ertzainas habían localizado ya el cable que lo hace funcionar. «Caballero, ¿Cuando pasa junto a un radar, dónde le hace ruido?», preguntaba respetuoso un ertzaina con picardía.
Los ocultan bajo el parachoques o la guantera y las excusas son peregrinas. «Se hacen los tontos aunque lo lleven en el salpicadero». Otros se escudan en que el vehículo no es suyo, o admiten que no sabían que fuera ilegal. Existen detectores de radar legales, los que incluyen los GPS y avisan de dónde se encuentran las cabinas donde pueden estar instalados los cinemómetros -información pública-, e incluso de los lugares en los que se ha colocado alguna vez un radar móvil.






