
El martes, los monitores que cuidan de los chavales hicieron públicas las «pésimas» condiciones de higiene y salubridad del servicio y urgieron al Gabinete Agirre a abrir uno nuevo. Ayer, algunos de sus moradores suscribían lo denunciado por los educadores. Para Abdellatif «todo lo que han dicho es poco. Preferiría estar encerrado que vivir así».
Como la mayoría de sus compañeros, llegó a España desde su Marruecos natal «en los bajos de un camión». Corría el año 2003 y, desde entonces, este joven que en poco menos de cuatro meses cumplirá la mayoría de edad ha recorrido media España: Cádiz, Málaga, Granada, Almería, Alicante, Madrid, Bilbao... hasta 34 centros de acogida. Y el de Vitoria, dice, «es el peor».
«En Zabaltzen se vive muy mal. Yo he tenido la espalda jodida por dormir en el pasillo, la calefacción no funciona, pasamos mucho frío y ni siquiera podemos ducharnos con agua caliente». El joven habla de oficinas convertidas en dormitorios con doce camas, donde hoy conviven como pueden 27. Nueve de ellos duermen en el suelo. Para todos hay una ducha, tres lavabos y tres retretes, dos de ellos dentro de las habitaciones, sin ventilación.
Ducha de agua fría
«Yo no pego ojo en toda la noche. Duermo en el suelo, hace frío y sólo tengo una manta para taparme», explica Karim otro de los veteranos del centro.
Al amanecer, el panorama no es mejor. «El agua caliente sólo llega para una o dos personas. Los demás, tenemos que ducharnos con agua fría, de tres en tres o de cuatro en cuatro, porque somos muchos y todos tenemos que ir a clase».
Karim estudia un curso formativo de chapa y pintura. Abdellatif prefiere la fontanería. Pero los dos se quejan de no poder volver a 'casa' después de sus clases. «A las ocho de la mañana nos echan del centro y no podemos volver hasta las nueve de la noche. Los fines de semana, nos dan una bolsa de comida y nos mandan a la calle, sin importar que haga frío, que llueva o que nieve», denuncian.
La cocina del centro da de sí sólo para doce menús, por lo que más de la mitad de los menores que conviven en Zabaltzen almuerzan y cenan en el comedor social de Desamparados. EL CORREO les acompañó ayer, horas después de que la diputada de Política Social, Covadonga Solaguren, anunciara que el nuevo centro de acogida de menores se hará finalmente en Armentia. Karim y Abdellatif no entienden de ubicaciones. Tampoco les preocupa demasiado. Sólo piden un lugar «cómodo, en el que quepamos todos y donde cada uno tenga su espacio».





