Existía una curiosa 'recomendación moral' para ciertas películas que, sin ser prohibidas, resultaban moralmente poco indicadas. A éstas, la Iglesia les colocaba etiqueta en rojo de 'tres r', o sea, recomendado para adultos con reparos. La pena incluía el Purgatorio. Ahora, el Papa ha decidido que tal lugar no existe. ¿Leche, y mi abuela sin atreverse a entrar en algunos cines!
Como a una servidora el espectáculo de nuestros próceres le parece algo que debería estar sometido a esa recomendación y dado que estamos en tiempos de Bienaventuranzas, me permito recitar unas cuantas, a ver si me perdonan los pecados, sobre todo este nefando vicio pecador de pensar e intentar hacerlo con solvencia. ¿Allá van, a mayor gloria de la Cuaresma que sigue al Carnaval!
Bienaventurados los asesinos porque sus hijos, huérfanos de madre asesinada, pagarán las deudas de su padre asesino. Como Sonia, que el reino de los cielos es de los bancos.
Bienaventurados los pobres que morirán sin deudas ni herederos porque servirán de consuelo a los burgueses asfixiados en mil hipotecas para no perder la comba de su falsa clase.
Bienaventurados los voceras, porque de ellos será el reino de los truenos.
Bienaventurados quienes abominan del aborto porque su gesto restará importancia a los cientos de muertos inocentes diarios, en África, Irak o donde sea. Un feto, si es de los nuestros, vale por cien negros vivos.
Bienaventurados quienes defienden la familia, tradicional, numerosa, feliz y harta de su sombra porque servirán de público al nombramiento de Sarkozy como 'canónigo honorario de San Juan de Letrán'. Por algo la Iglesia vende bulas a quien las pague, su divorcio estará penado, el de este nuevo Napoleón sin tacones se premiará. ¿Será por lo maciza que está su nueva señora?
Bienaventurados los pecadores de poca monta, porque ellos pagarán penitencia y ganarán indulgencias para la salvación de los pecadores de alto rango.
Lo dicho, para adultos y con reparos. Por eso mandamos a los Beatles al infinito corazón de las galaxias, para ver si Dios perdona nuestra diaria inmoralidad.








