
Pues, aunque parezca increíble, existen especialistas capaces de hacer estos cálculos y la prueba está en ese libro que tiene 240 páginas y en el que se incluyen todas las tasas e impuestos municipales, desde el primero hasta el último, desde lo que tiene que pagar un promotor por construir un edificio hasta lo que debe cotizar un frutero por vender tomates y lechugas. Y todo perfectamente calculado en tela marinera, incluyendo hasta la minucia de los céntimos.
El Ayuntamiento calcula, por ejemplo, que el trabajo de un bombero que acude a sofocar un incendio vale 21,81 euros por hora normal. Pero si el bombero tiene ya el grado de cabo, su valor aumenta hasta los 23,65 euros. Y aquí es donde se centra mi admiración por los tasadores. ¿Cómo se ha llegado a valorar la hora de trabajo de un bombero en 21,81 euros? ¿Cómo se ha calculado la diferencia entre el trabajo de un bombero raso y de un cabo en 1,84 euros?
Y si del parque de bomberos nos vamos a la plaza del mercado, podremos hacer comentarios similares, preguntándonos con qué calculadora se ha conseguido valorar el precio del metro cuadrado de alquiler de una frutería, una pescadería, una carnicería o una panadería, para llegar a saber que el carnicero deberá pagar 16,15 euros, el pescadero 20,65 el frutero 8,10 y el panadero 12,55. ¿Quién es el que ha podido captar la diferencia impositiva que existe entre una merluza, una lechuga, una chuleta o una barra de pan?
Pues en el departamento municipal de Hacienda son capaces de captar estos increíbles matices. Por eso cuentan con mi sincera admiración.









